Chaqueta blanca - Chaqueta blanca

Raúl se enorgullecía de ser el delincuente más buscado de Valencia; tenía de cabeza a los cuerpos policiales. El delincuente de la chaqueta blanca siempre estaba enfundado; en el abrigo para su protección.

Era ese tiempo que en Valencia no daba ese resplandor del sol; tan fuerte por el contrario siempre hacia brisa. El delincuente de la chaqueta blanca manejaba armas; Raúl tenia personas conectadas en las autoridades.

A Raúl le gustaban los robos grandes y luego celebrar con los amigos del barrio; no había comisión policial que lo encontrara. Tampoco operativo fuerte que pudiera con él; por el contrario le gustaba que lo adularan.

Los robos a gandolas era el fuerte de Raúl eran aquellos tiempos; los piratas de carretera mandaban. No importa la mercancía que llevaban él siempre; estaba metido en la tela suave. La misma tenía un misterio.

Chaqueta blanca era el más temido

Le gustaba el merengue y bailaba como un trompo en las fiestas; en la línea delincuencial era el líder. Hasta el mismo gobernador del estado Carabobo en ese tiempo; pedía que lo capturaran y dieran con él como fuera.

Cada vez que había un robo incluso la mandaba a la tintorería, todo con el fin de lucirla y protegerla. La chaqueta blanca estaba conjurada y la habían preparado; estaba encomendada por unos espiritistas a una fuerza poderosa.

Había pagado una fuerte suma de dinero a una espiritista; de Los Guayos para que no le pasara nada. El abrigo era una especie de escudo con la cual; ni las balas podían con él menos la policía.

«Con este abrigo a mi no me pasa nada, con esto lo tengo todo. Soy el poderoso en todo el estado Carabobo y más allá». Decía sonriendo Raúl mientras sus compinches; lo adoraban como a un dios.

El objetivo era siempre salir airoso con la mercancía a la venta. Raúl era un poderoso de la mafia en todo el estado Carabobo; incluso dicen que un “pesado” de la política venezolana lo protegía en ese tiempo.

Para Raúl no había freno, era uno de los que andaba; en las barriadas valencianas todos le temían. Buscaba a los delincuentes más sonados para sus robos; todo con el fin de tener más dinero y retar a la policía científica.

El descuido lo llevó a la muerte

Raúl planeó un robo duro en el cual empezaría con unas dos gandolas; las mismas llevaban arroz y venian de Portuguesa. Ya tenía todo planeado y con dos carros y cuatro delincuentes más; fue con su chaqueta blanca al robo.

Walter, Cara de Cruz, Agua Sucia y Bombita; habían cumplido el llamado para estar allí. De hecho tenía a los mejores delincuentes. Los mismos se movían en las barriadas de Valencia; los tipos eran de sangre fría.

Pero algo no salió bien cuando salían de Guacara una patrulla vio algo raro; estaba sudando en la camioneta que llevaban robada. No aguantó el calor y se quitó el abrigo; sentía que el mismo le pesaba incluso que estaba a punto de desmayarse.

Lograron escabullirse a la patrulla por ayuda; de unas personas que los pararon por otro robo. Se fueron dónde estaba el otro carro para la huida; ya Raùl daba por perdida el robo a las gandolas, sentía un fuego que le impregnaba el cuerpo.

Al subirse al otro carro y arrancar se dio cuenta que había dejado el abrigo; en el otro carro se sofocó más por los nervios. Cuando Raúl pensó que la patrulla los había olvidado; habían varias tras él.

La persecución fue larga y por casi toda Valencia, estaba sudoroso; y el miedo le invadía sin el abrigo se sentía nadie… una bala le dio por un costado. Se bajó del carro pero con la pistola en la mano no pudo disparar y murió.

Sigue leyendo:Crónicas criminales: la traición del motobanquista en Valencia