El joven de la chaqueta blanca

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Chaqueta blanca – chaqueta blanca

Robert quería ganar dinero fácil, a sus 17 años quería arrasar en todo, era hábil para las estafas y el robo. La chaqueta blanca la mandó a conjurar con Sonia una mujer que preparaba carteristas y ladrones de carros.

“Con esta chaqueta blanca vas a ser millonario sobrino”; la mujer poco a poco iba a formando un pelotón de delincuentes. Tarde a tarde muchos muchachos se iban donde la señora cercana al centro de Valencia. Robert soñaba con dinero, carros y muchas mujeres.

“La prenda está conjurada, no te la vayas a quitar hasta que tengas el dinero en la mano”; le decía Sonia a Robert. “No se preocupe tía yo no le voy a fallá”; empezaba con carros mal estacionados en la avenida Bolívar.

Eran aquellos años donde el centro comercial Camoruco estaba de moda. Sonia aparte de entrenar delincuentes iba a misa y le pedía a Dios por sus muchachos. “Robert y los muchachos no son ladrones, papa Dios… son ángeles”.

Pero Sonia conjuraba chaquetas, zapatos, gorras y hasta lentes; la mujer veía en Robert el hijo que no tuvo. Almacenaba en potes vacíos los billetes robados y estos a su vez los enterraba. “No sé cuánto dinero tengo pero yo creo que ya somos millonario” decía la mujer.

Chaqueta blanca – chaqueta blanca

Chaqueta blanca, el más famoso

Robert era el más rápido abriendo carros y luego de que se montaba en ellos se sentía fuerte. “No te debes quitar la prenda por nada”; le decía Sonia. “El bonche es donde Sonia esta noche; vamo’ a lleva mujeres, la tía nos deja tener de todo en su casa”; afirmaba el joven.

Las mafias de carros robados buscaban muchachos agiles, a los cuales no les temblara el pulso para llevarse un carro. Robert era el prototipo perfecto y era el líder de la banda de Sonia. “Tamos en la pomada papá, camioneta Bronco y pam pam, el que se resbale lo dejó frío”, decía.

Sonia aparte de eso en su casa tenía un altar improvisado de velas, figuras y consultaba el tabaco. “Ese Robert es como mi hijo le decía a las mujeres que iban a buscar jóvenes”. “nosotros no decimos nada doña… usted se lleva el muchacho y me le da lo que pida”; decía la mujer.

La avenida Lara, fría en los meses de enero se iluminaba mientras se veía al joven con la chaqueta blanca. El objetivo siempre era un buen carro. “Ya corono esa Bronco y más dinero pa’ la banda”, decía Robert.

De cabeza a la policía

Los robos de camionetas y carros Ford era la costumbre en ese tiempo. Cuando Robert lograba abrir la camioneta Bronco y luego huir del lugar. Siempre cargaba la prenda puesta, así estuviera haciendo calor.

El objetivo era sencillo los carros los llevaban hasta distintos puntos, uno a Maracay, otros a Yaracuy; y luego el pago era la celebración. Robert, El Bemba, Chocolate y Zamuro gozaban al son de la salsa con varias muchachas.

Chaqueta blanca – chaqueta blanca
Foto: El Carabobeño

“Tenemos de cabeza a la policía y nada nos va a detener, somos los mejore’ ladrone’ e carro”; decía Robert. Los mejores operativos no podían frenar a “chaqueta blanca” como era conocido. Cuando los demás lo veían enfundado le tenían respeto.

Velas negras, ligadas a polvos y esencias les echaba encima Sonia. “Robert es protegido por los malandros fuertes; nadie lo va a agarrar” decía Sonia. La casa de Doña Sonia se llenaba de gente buscando mejoras y buena suerte.

“Yo solo soy una mujer justa” le decía a los clientes mientras pedía mucho dinero por leer las barajas y el tabaco. La casa de la señora era el escondite de Robert y los demás muchachos. “Estos muchachos cuando no están robando están paseando”; decía Sonia.

La mafia y el dinero

Robert se había convertido en el dolor de cabeza de las autoridades en Valencia. No había plan que pudiera detenerlo, era el mejor ladrón de carros de la ciudad. De vez en cuando salía en la moto pero siempre enfundado en la prenda de color blanco.

El dinero le sobraba e incluso su objetivo era formar una gran banda que operara en toda Venezuela. “Esa banda la formo yo y la dirijo yo y esos carros robados los pasamos pa’ Colombia”; decía Robert.

El presentimiento extraño

Sonia prendió una vela y la misma echaba chispas como si tuviera agua. “Estas velas están hablando eso no me gusta ná”, decía Sonia. Robert se preparaba para llevarse una camioneta al norte de Valencia.

Sin darse cuenta y mientras estaba tratando de evitar que la vela siguiera echando chispas; Sonia trató de levantarse del altar y cayó. Las llamas consumieron el lugar y Sonia moría entre las llamas.

Ya Robert había salido de la casa hace rato. La casa de Sonia se prendió mientras los bomberos de Valencia hacían todo por apagar el fuego. No pudieron hacer nada para salvar a la mujer.

La caída

Robert llegó, apuntó al dueño de la camioneta Bronco, quien entre los nervios le dio las llaves; “llévate la camioneta “, le dijo el hombre. Sentía que se estaba quemando cuando se montó en la camioneta.

“Yo me voy a quitá esta chaqueta blanca, total yo soy el mejor. Le dio todo el aire acondicionado a la Bronco mientras iba como nadie en la autopista. “Que es esto papá siento que me estoy prendiendo”; decía Robert.

Miró por el retrovisor que tenía una patrulla cerca y aceleró rumbo a Campo Carabobo. “Estos pacos de donde salieron pues”. La patrulla la tenía cerca y debía hacer una maniobra para poder dejarlos atrás. Robert pensó que lo mejor era meterse por cualquier parte y dejar la camioneta.

Esquivó una gandola y burló a los policías para bajar de inmediato por el distribuidor Los Samanes. Robert se bajó de la camioneta y trató de perderse por la calle. “Perro dejé la chaqueta blanca en la camioneta” pensó mientras corría.

Pero por otro lado estaba una comisión de la policía que lo tenía cercado; trató de subir por una pared y sintió los balazos que lo dejaron sin vida. Al otro día los periódicos valencianos titulaban “abatido el chaqueta blanca”.

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