La casa rematada en Maracay

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La casa rematada en Maracay - La casa rematada en Maracay
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Augusto andaba con los ojos llorosos luego de ser un hombre alegre en la cuadra; la casa rematada en Maracay la vendió por una corta cantidad de dólares. El hombre ya no se veía afuera en aquel caluroso año 2004 escuchando los juegos de los Tigres; o viendo que dato era bueno para un triple.

La gente no había visto más a Maribel, de hecho la familia de la mujer venía a la casa tocaba y nadie salía. “Ya les dije nosotros discutimos y ella se fue de la casa, yo quiero que vuelva; yo no le hice nada”, decía Augusto.

En un barrio de Maracay recordaban a Maribel por ser buena vecina y una mujer alta, de cabello negro y excelente figura. Pero Augusto la celaba demasiado, “tú eres mía nada más, de más nadie”; decía cuando tomaba, era un hombre que la celaba de todo el mundo.

Maribel rompía corazones sin saberlo, los hombres se ilusionaban con ella, se había casado con Augusto y tenían dos hijos. Tanto Augusto Samuel como Guillermo José ahora viven fuera del país.

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Muchos en el barrio suspiraban por Maribel la cual siempre salía con sus vestidos pero sin malas intenciones; le gustaba estar bonita para Augusto pero los chismes apuntaban a que tenía varios amantes. “Esa mujer si es depravada con esos vestidos”, decía una de las vecinas.

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La gente decía que Maribel era una mujer de muchos encantos, su rostro de actriz de telenovelas volvía loco a muchos. “Yo quiero solo a Augusto y no quiero a nadie más”, decía la mujer. Pero el problema eran los celos del hombre.

El dilema era donde estaba la mujer, de hecho en su celular respondía mensajes extraños como… “me fui de la casa”; “busco solo un tiempo”, “después les escribo, estoy bien”; pero nada de llamadas; lo que colocaba a la familia a más sospechas sobre Augusto.

Sabrina, la hermana de Maribel sospechaba de Augusto, ya que la fría partida de ella colocaba a su familia en desesperación. “Ahora viene y vende la casa en el barrio, sin saber dónde está mi hermana”, decía Sabrina.

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Foto: Artotem.

Pero nadie se atrevía a decir algo de Augusto, el cual venía pocas veces a la casa. “No sé nada de ella, mi doña, yo estoy aquí solo”. En todo el barrio comentaban sobre el futuro de la mujer; “esa seguro se fue con uno de los maridos que tenía”, decían las malas lenguas.

La sorpresiva venta

En aquel año 2004 el hombre vendió la casa y dijo que esta tenía un buen terreno; eso sí recomendaba no construir atrás. “Ese solar es bueno solo para sentarse y poner una hamaca; le vendo la casa pero no fabrique atrás”; decía Augusto. Comentaba que el terreno no era bueno para construir atrás.

“No entiendo el empeño de este tipo con el terreno y el patio, pero igual voy a comprar la casa”. Henry era uno de los comerciantes cercanos y le compró la casa a Augusto en aquel 2004. “Una ganga, tengo el dinero y listo, la casa es mía”.

Henry compró la casa en 2004 pero en el año 2020 murió a causa del COVID 19; por años la tuvo alquilada hasta que sus hijos la vendieron. Unos comerciantes europeos la compraron y comenzaron a hacer un movimiento de tierra; encontrando el cadáver de una dama enterrado en el patio.

El hombre de la pequeña máquina se sorprendió al mover la tierra y salir el cadáver de la mujer. “Esta es la esposa de Augusto”, decía una de las vecinas al ver el cadáver el cual estuvo cubierto con cal y arena.

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