La esquina de la sinceridad del centro de Valencia

pasarela de pago crixto
2808
La esquina de la sinceridad - La esquina de la sinceridad

Omar se había enamorado locamente de una mujer en menos de un mes. Llamaba la esquina de la sinceridad donde conoció a su amada Natalia. En apenas semanas habían vivido un amor sin desenfreno; la palabra apasionada se quedaba corta ante aquella relación.

Conoció a Natalia de una mirada en la heladería cercana al cruce del bulevar Constitución con Rondón. Ella era una mujer separada, un tanto desconfiada ante los hombres; pero a la hora de vivir el amor, lo vivía intensamente.

El diseñador gráfico era conocedor de la historia del centro de Valencia; de las calles y conoció a Natalia en esa esquina. Allí  mismo compartieron un helado y querían vivir la vida y el amor de otra manera. La publicista le gustaba los helados del centro además de los dulces.

Eran contemporáneos en edad, 32 tenía la dama y 28 el diseñador gráfico además de que los gustos eran casi iguales. Ambos no habían tenido suerte en el amor y eso era ahora como una especie de probar como iban en la relación.

Esta vez las tormentas de pasión y amor eran fuego total, noches enteras de besos y lujuria. Omar vivía a plenitud con Natalia y ambos como vivían solos decidieron seguir cada uno en su propia casa. Pero cada fin de semana se veían; los viernes era una religión verse y amanecer en los hoteles del centro.

La esquina de la sinceridad - La esquina de la sinceridad

La esquina de la sinceridad y el amor total

Natalia era coqueta en su carro, una mujer de cabello castaño de boca provocativa y Omar le gustaba. Le decía que era su verdadero amor y que con ella quería vivir todo; estaba ahogaba si no la tenía y se desesperaba por verla a cada rato.

Se llamaban, iban y venían mensajes de texto cargados de amor, Natalia conoció a la familia de Omar. Sentía él como si se estaba enamorando otra vez pero con más fuerza. Poco a poco en él se fueron despertando los celos.

La esquina de la sinceridad - La esquina de la sinceridad

La celaba de todo el mundo… “por qué te pusiste esos pantalones”“la falda está muy corta amor”. “Si me vienes a ver a mi exageras en el maquillaje”; Natalia lo estaba queriendo ya que no había visto a un hombre tan detallista; pero a su vez le molestaban los celos.

Cuando Omar no tenía a Natalia se sentía roto, despedazado y hasta cargado de ira. Era todo para él, hasta el aire, pero desconfiaba de todo el mundo ya no era amor. Una noche se despidió de Natalia y como no le escribió… este se desesperó por ella; “no sabía que al otro día se te acababa la renta”.

Lejos de todo

El amor entre ambos estaba solo más por parte de él, pero sentía celos incontrolables al no tenerla. La celaba de sus amigos y de sus vecinos; los mismos con los que siempre se reunían para unas parrilladas. Sabía que lejos de todo estaba el amor y parecía una adicción.

Una adicción a ella, a su cuerpo, a verla, Natalia esa tarde le negó un beso. De hecho el desesperado le rogaba que no lo dejara. “No me dejes por favor, tu eres todo en mi vida, eres mi amor”.

Natalia decidió darle una oportunidad, se habían alejado unos días y lo mejor era respirar por otro lado. Pero volvieron otra vez e hicieron el amor con desenfreno y desespero; y terminaban riendo; eso le alimentaba la vida y las ganas de seguir.

Pero los celos no estaban cuando él la tenía entre sus brazos, cuando la veía y sentía que estaba cerca. Rosas, palabras de amor, chocolates y un sinfín de cartas y mensajes. Pero cuando no la tenía era todo lo contrario.

Desesperación y alejamiento

La desesperación se hizo presente en la vida de Omar por aquel amor que parecía imposible. Aquel amor desenfrenado además de tormentoso en su vida; necesitaba verla y tenerla. De hecho varias veces estuvo afuera en horas de la madrugada viendo la casa de Natalia.

Pero ella se había cansado de los celos y buscó provocar que en él la tormenta de no tenerla se hiciera evidente. El la llamaba y no contestaba, el sentía que la necesitaba. “Contesta mi amor por favor”… decía el hombre sollozando.

Aquella tarde le escribió más de 50 mensajes y de los mensajes de amor pasaron a los insultos. Natalia vivía tranquila y estaba en su casa como siempre, entre café; clientes de publicidad y libros. No quería verlo quería seguir siendo la dama solitaria que siempre quiso ser. Pero en La Esquina de La Sinceridad cambiaría su vida.

Por otro lado Omar estaba entre el desespero y el agua con azúcar, entre el llorar y el verla. Ya el amor parecía perdido entre tantas lágrimas de no tenerla; de ver que se alejaba de ella. “Parece imposible que la ame tan rápido; pero yo amo así”; se decía mordiéndose los labios.

La tragedia del amor

Aquel sábado de mayo entre la neblina de una mañana estaba Omar en el Centro de Valencia. Aguardaba por ver de lejos a su amor, sabía que ella iría al centro siempre a las compras cotidianas.

La vio estacionar su carro en el estacionamiento de la calle Rondón al lado de la venta de piñatas. Vio a su amor caminando… “bella si supieras cuanto te amo”, se dijo a lo lejos. Se le acercó y la miró… Ella además de verlo de reojo le respondió un hola entre dientes.

“Es que ya no me quieres, no te acuerdas de lo que vivimos aquí en La Esquina de la Sinceridad”, le dijo él. “Te digo con sinceridad prefiero seguir mi vida sola, no quiero a nadie a mi lado”. Las palabras de Natalia le dolieron demasiado a Omar; ya no eran palabras de amor.

“No te acuerdas que nos conocimos aquí en estas calles; que nos juramos amor”… le dijo él… pero ya para ella no había vuelta atrás. Desató su despecho en contra de ella, tomó un cuchillo y la hirió en el pecho. “Si no eres para mí no eres para nadie”.

En su dolor y luego de herir mortalmente a la mujer que le juró amor dejó el arma y salió corriendo. La mujer perdió la vida en el lugar mientras se desconoce el paradero de Omar.

Sigue leyendo:John El Exhibicionista empedernido del norte de Valencia