Por Jaime Macías
Se habla y se pregona mucho sobre la nueva realidad del béisbol, los cambios que ha sufrido en los últimos años, las nuevas herramientas estadísticas que se han incorporado, la adición de nuevos coach en el cuerpo técnico, entre otros.
Pese a todo esto el rol del manager en el equipo, aunque en apariencia parece también haber cambiado en algunos aspectos, sobre todo en lo estético, donde ya no se preocupan en que la vestimenta sea igual a los de los jugadores, lo que augura que más temprano que tarde los veremos dirigiendo en traje de gala o ejecutivo, como en el futbol y baloncesto, lo que sigue intacto es que son los primeros señalados como culpables a la hora de la debacle del equipo.
Aunque ahora tienen que compartir las estrategias con los gurú del departamento estadístico, que son como otros coach, pero de oficina, estos por no estar ni uniformados, ni en el campo, pasan desapercibidos para el ojo acusador del fanático, que se mantiene también inalterable a la hora de señalar al que él considera culpable del mal momento del equipo, el manager.
Será por eso qué en las grandes ligas, se ha vuelto normal que alguien de la “oficina” sea nombrado como manager y también es común como uno del campo es nombrado en un cargo en la oficina. Será que el primero está listo porque completó el curso estadístico y el segundo es porque le falta cumplir ese requisito. Todo es posible en la llamada era sabermétrica.
También observamos que luego de un equipo despedir a un manager, nombrar otro, pero los malos resultados continúan, se repite el patrón entre los fanáticos de seguir culpando al nuevo manager, porque aún los aficionados no asimilan que el poder del manager ya no es omnipotente, sino compartido con la oficina. Con el tiempo entenderán que la culpa también es compartida. ¡Ahí se los dejo!
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