El canto del Chaure en el Cementerio

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El canto del Chaure - El canto del Chaure
Foto: Cortesía Jacinto Oliveros @jacin44.
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Alberto era una de las personas más aguerridas en Chaguaramal, estado Monagas y retaba al canto del Chaure cada vez que pasaba. “Mira… ve ese pájaro no hace nada, ojalá tenga la oportunidad de verlo de cerca”; decía mientras cantaba en las fiestas.

“Compa y usted de verdá no le teme a ese pájaro”, “no vale eso es puro cuento”; al salir de las fiestas siempre se persignaba y le pedía a Dios no encontrarse al mismo en el camino. Tenía que pasar un cementerio donde a veces entraba en luna llena para visitar la tumba de la abuela.

“Abuela no me deje solo, y aleje a ese bicho volador que canta en la noche”; demostraba valentía ante los amigos de farra. Pero dentro temía por el canto de esa ave; recordaba además lo que le decía la abuela Pancha… “Mijo cuando ese bicho canta tres veces es muerto; cuando canta una es que estás en peligro”.

Al llegar al rancho se tiraba en la vieja cama y la sacudía… “eso es lo que me falta que me pique un alacrán”. En la noche trataba de no escuchar nada pero siempre sonaba el canto seco del Chaure; el cual algunos estados del país llaman “Chupa hueso”.

“Dios mío señor, no me vaya a dejá solo”. Alberto vivía solo luego de que su mamá muriera; precisamente antes de que Juanita muriera escuchó el canto de esta ave tres veces.  En los conucos era todo lo contrario, le gustaba decir que el desafiaba al que fuera.

El canto del Chaure en luna llena

Cada viernes que se quedaba en los bailes de Chaguaramal, Alberto pasaba por el cementerio veía la tumba de la abuela y seguía. “Usté es apretao compa metese pa’ ese cementerio a esa hora”; “si vale no le tengo miedo a nada”, decía.

Foto: cortesía Jacinto Oliveros @jacin44

Cuando salía del baile se iba por el camino de monte hasta que llegaba al ranchito que tenía. Pero siempre temía por el canto del ave nocturna, de hecho, Alberto siempre escuchaba si era un canto o tres veces.

Apenas el ave cantaba como decía su abuela Pancha tenía que insultarlo para que este se fuera. Pero aquella noche en el cementerio escuchó aquel canto seco y ronco tres veces… “Ave María Purísima que será lo que me va a pasá”, dijo.

Llegó al rancho el sábado en la madrugada y sentía miedo del ave nocturna, “no me va pasá nada”, dijo. Pero los latidos de su corazón continuaban fuerte aquella noche; y comenzó a rezar hasta que se durmió.

Al otro día en el conuco, no dijo nada del canto del ave, Alberto estaba nervioso… ¿estamos en luna llena?, preguntó a los otros. “Sí, pero esta noche hay baile y no puedes faltar te esperamos allá”, le dijeron los demás conuqueros.

La noche de luna llena

A pesar de los nervios se divirtió y salió cerca de las tres de la mañana del baile, Alberto respiró profundo y tomó el camino a pie. Al pasar por el cementerio, se metió para ver la tumba de Pancha… cuando sintió otra vez el canto del ave.

“Vete de aquí, no me vas a meter miedo, vete de aquí”, pero esta vez el ave dio un vuelo rasante y se devolvió… Alberto quiso huir y en su desesperación salió corriendo pero se golpeó la cabeza en una de las tumbas…

Desde aquella noche le atribuyen al canto de la lechuza la muerte del conuquero en el cementerio; otros dicen que es solo una lechuza que canta.

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