El misterioso hombre a caballo de El Roble

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El hombre a caballo - El hombre a caballo

Era 1980 cuando las noches frías hacían que las personas en Los Guayos se acostaran temprano; un hombre a caballo cada vez que salía por las calles la gente se iba corriendo. Las personas se asombraban y otros corrían a esa hora.

Cerca de las doce de la noche y la una de la mañana estaba el hombre el cual sorprendía ya que cargaba parte de su rostro cubierto. Las personas salían corriendo y el jinete llegaba hasta la Plaza de Los Guayos; como lo habían visto en los lados de La Vivienda.

Los borrachos que se la pasaban bebiendo cerca de la plaza Bolívar en Los Guayos, se persignaban al escuchar los cascos del equino a lo lejos. ¡Allí viene el jinete! Y el lugar quedaba completamente solitario.

Al otro día la gente hablaba que habían escuchado un caballo; pero a muchos le parecía extraño. Las personas decían que era un espanto, una visión de hace años; ya que el jinete cargaba sombrero en la noche y aparte de eso como un abrigo viejo.

Todos salían corriendo y la leyenda del jinete se hacía famosa ya que este lo habían visto en Las Agüitas; y algunas veces vieron al jinete por Guacara. Lo cumbre es que las personas cerraban puertas y ventanas; al escucharlo, más que todo aquellos que estaban despiertos.

El hombre a caballo de El Roble

“A mí se me pasó la borrachera cuando vi al jinete”; se escuchaba decir en la Plaza de Los Guayos. “Eso es un aviso pa’ que dejemos de estar bebiendo”, decía uno de los hombres. Ya el mismo había pasado de cuento a leyenda.

El hombre a caballo - El hombre a caballo

El jinete incluso calmaba los pasos de su caballo a esas horas de la noche; como en otras se le veía bastante desesperado. El equino corría por aquella carretera que en aquellos tiempos era solitaria; que unía a Las Agüitas, y Los Guayos.

Ramiro uno de los hombres de los llamados Guayos viejos” contaba que aquel jinete seguro era un aparecido. “Ese seguro peleó cuando Boliva’ andaba por aquí; porque esos huesos de esa gente quedaron aquí por eso salen”.

“Es bueno hacerle una misa”; habla con el cura, decía Miguel Lobo, otro de los habitantes de Los Guayos viejos. La historia del jinete iba sonando siempre; de hecho el mismo Ramiro dijo que él iba a ver hasta donde llegaba el hombre.

Cuando se escuchaban los cascos del caballo todo el mundo salía corriendo y se perdía del lugar. El jinete hacía incluso que la gente se acostara temprano. “Ramiro, si usted va a esperar a ese hombre es bueno que se vaya preparao”; le dijo una de las mujeres.

La preparación

Ramiro dijo que él se iba a quedar hasta tarde solo en la plaza y que se iba a poner escapularios; cordones de brujos y varias medallitas de vírgenes que las abuelas le habían dado. “Yo voy a espera’ a ese jinete pa’ ve quien es quien”.

Incluso uno de los compadres le preparó un licor para que se fuera preparado también. “Compa si usted lo ve le echa el aguardiente encima”, eso también los aleja. Nadie sabía hasta donde llegaba el jinete ya que en la plaza Bolívar se detenía; y luego emprendía el camino de vuelta.

“Yo me asomé y yo ví al jinete ese, ese es de carne y hueso, compadrito, me dio más miedo cuando lo vi”; dijo Luis García. Unos incluso decían en los cumpleaños “capaz y salga el hombre a caballo y nos acabe el bonche”.

El encuentro

Ramiro aprovechó el viernes y se quedó hasta tarde en la plaza Bolívar, la cual estaba sola; la sangre se le puso fría cuando escuchó los cascos del caballo. Cada paso del animal le angustiaba más. “Ave María Purísima, ven pues que te toy esperando”.

Sintió los pasos del animal y la presencia del jinete el cual se puso cerca de él. Estaba inerte y quieto y vio al hombre alto, con ropa vieja puesta y un sombrero. Sintió de todo cuando el hombre dijo… “esta farmarcia tá cerrá”.

La voz no le salía… Ramiro estaba respirando fuerte, tenía ganas de salir corriendo… más cuando el jinete le habló. “Compa buena noche, discurpe uté no sabe cual farmarcia etá abierta. Es que mi mujer tá enferma en El Roble”.

Ramiro recuperó la respiración y le dice ¿cómo cómo?. “Mire si no sabe cual farmarcia etá abierta. Cualquiera dice que vio un espanto”. Ramiro le dice con miedo… “ya va pero usted es de verdad”. El jinete le dice “puros inventos de la gente, yo lo que le busco son los remedios a mi esposa. Y vengo a esta hora porque el caballo le tiene miedo a los carros”.

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