Carlos y Alejandra celebraban el haber comprado la casa, habían reunido con el trabajo un buen monto en bolívares. Era 1995 cuando hicieron el sacrificio, y compraron algo propio, tenían pocos años de casados.
Poco a poco se sumaron muebles, cocina, nevera y por fin donde colocar lo que por años tuvieron guardado. Vasos, bandejas, cosas y más cosas en aquella pequeña quinta en un urbanismo en Valencia.
Ya exhaustos por la mudanza, en la madrugada, Alejandra se para a tomar agua cuando ve sombras al otro lado de la ventana donde quedó un bombillo encendido. Durante varios minutos se quedó viendo aquellas extrañas siluetas.
Fue como prefirió regresar al baño, orinar y volver a la cama, no le quiso decir a Carlos. Al otro día luego del café se quedó callada. Para ella era como si había visto gente que estaba conversando del otro lado de la ventana.
La casa y las sombras
Pero al cabo de un mes, Carlos se levantó de la cama también y fue cuando vio también las sombras. Se le heló la sangre, al observar cómo veía a personas, tuvo miedo de abrir la ventana, estaba a escasos metros.
Poco a poco y según los vecinos aquella “quinta de dos plantas” estaba señalada por ser una donde se escuchaban personas. Aun y cuando estuvo mucho tiempo cerrada, la misma por décadas estuvo bajo llave.
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“Allí vecino se escucha como si hay personas en el patio, en el día o la noche… ¿usted no escucha nada”, le dijo una de las vecinas cercanas. Carlos y Alejandra luego de escuchar pasos en la noche, como ver figuras de color blanco en la sala prefirieron mudarse de la casa.
La quinta sigue habitada pero siempre destacan quienes allí han vivido de escuchar voces, como de ver figuras extrañas o en las noches de luna llena escuchar pasos. Hasta ahora de cosas realmente inexplicables.
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