Lo que queda de este amor… escombros

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Ramiro se desplazaba tranquilamente por la avenida Fernando Figueredo cuando la emisora suena una salsa; lo que queda de este amor… escombros. No le gustaba la música latina, el empresario le gustaba más otros géneros pero esta le pareció interesante.

Era un empresario brillante pese a la crisis venezolana, amaba a su mujer; aunque siempre tenía tiempo para las aventuras. No sabía bailar salsa y quería probar eso, conocer otra mujer y hasta tener una ilusión con ella; pero todo eso lo veía como una utopía.

El empresario venía bajando días después por Los Colorados cuando vio una belleza de cabello negro; de extrema sensualidad y no lo pensó dos veces le ofreció la respectiva cola. Tibisay se sorprendió de ver aquel hombre; perfumado, elegante además de caballero.

Para Ramiro aquella mujer era como una invitación a pasar la raya, a incumplir las reglas; y a entregarse al pecado. ¿Ah te gusta la salsa? Le preguntó aquella bella y misteriosa mujer; era enigmática pero lo mejor era que le aceptó las invitaciones a salir.

Ella quería darse una oportunidad, algo nuevo en su vida, más si aparecía este empresario. En tiempo récord se fugaron a la playa, además de otras zonas donde viajaba Ramiro; el cual ya decía estar divorciado.

Lo que queda de este amor… escombros

El hombre había cambiado su vida en apenas semanas conocía desde ya las salsotecas de Valencia; le gustaba estar con ella, amanecía junto a ella y lo mejor de todo era la playa; mientras su esposa Ana Sofía y los hijos preguntaban ¿Qué le pasaba?

El empresario de había enamorado, enloquecido, hablaba de ella a todo; pero el amor no era del todo correspondido.

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“Ahora escuchas salsa, un empresario brillante enredado en aventuras y andas para arriba para abajo sabrá Dios con quien”; le decía Ana Sofía, Ramiro se sorprendía de verse al espejo y ver que en semanas el empresario; quedaba en el olvido.

Tomaba a cada rato y quería estar todo el tiempo con Tibisay; los celos le molían el pensamiento. “Si lo quiero pero yo no sirvo para estar amarrada a una sola persona; yo soy una mujer libre”; decía “Tibi” en torno al empresario.

Su mujer Ana Sofía colocaba una advertencia con los abogados ya que el ya no estaba en la casa. De hecho no decían que el empresario se había enamorado, decían que había enloquecido.

Misterio de amor

En uno de los bares el entonces empresario escuchaba el tema que lo transportaba a la figura femenina de Tibisay. Estaba triste y a la vez pensaba en ella mientras los tragos le habían invadido su vida; mientras ella no le quería ni siquiera responder el celular.

Tibisay de la noche a la mañana no quería verlo; no le contestaba el teléfono ni mensajes, como llamadas. El empresario dejó de dormir como en aquellos años. “Así como llegó nuestro amor desapareció… lo que queda de este amor… escombros”; escuchaba mientras saboreaba un trago amargo de licor.

Sus amigos comenzaron a buscarlo para tratar de rescatar al empresario pero era tarde; ya su vida se había vuelto una mezcla de despecho, dolor, se veía flaco; y ya no conservaba el trabajo de entonces.

Lo había perdido todo

Ya recibía en su celular que estaba a un paso del divorcio y de la ruina, el empresario perdió todo de la noche a la mañana. Ya enfermo, triste y solo por las calles de Valencia vio a Tibisay con otro hombre.

La mujer había conocido a otro empresario el cual se enamoró perdidamente de ella; tal como lo hizo el. Desde esa noche del 15 de mayo de 2014, Ramiro camina perdido por las calles de Valencia; su error haberlo dado todo en el amor, su vida se hizo escombros

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