Óscar Schemel: chavismo y oposición deben buscar puntos en común

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Óscar Schemel
Foto: Notitarde

Este domingo en la sección Desayuno en la Redacción de Notitarde, el presidente de la encuestadora Hinterlaces, Óscar Schemel afirmó que “el conflicto por el que atraviesa Venezuela, sobre todo en los últimos 60 días,  solamente tendrá solución si los bandos en pugna comprenden que deben buscar los puntos en los que pueden llegar a acuerdos”.

Óscar Schemel
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Asimismo,  Schemel comentó que viene predicando, desde hace tiempo, que es necesario que los venezolanos puedan reencontrarse, pero principalmente su mensaje va dirigido a los líderes políticos, tanto del Gobierno como de la oposición, so pena de no recuperar la paz.

A continuación lea la entrevista completa:

-¿Qué es lo que se necesita para superar la crisis que vive el país?

-Lo importante es que ambos factores en conflicto se reconozcan, se acepten, entiendan que ninguno de los dos tiene la capacidad ni la fuerza para aplastar al otro. Que es necesario buscar espacios para el diálogo, para la negociación, de manera que se pueda acordar un clima y unas circunstancias que permitan la cohabitación, la convivencia e incluso la alternancia. Tiene que haber la posibilidad de negociar con el otro bando para poder cohabitar con las diferencias. Pero no hay voluntad política para hacer eso. Yo creo que el Gobierno debería priorizar las mesas de diálogo y negociación con otros sectores, el sector privado, profesional, las mujeres, los universitarios, el país no es solamente los partidos. Hay que diseñar un discurso de mayor conciliación que cree espacios para que los demás sientan confianza y puedan sentarse a dialogar.

Creo que los dos bandos están de acuerdo en que el modelo económico venezolano tiene que ser mixto, con diversas formas de propiedad. Creo que la oposición apuesta a la soberanía y a tener una relación más autónoma con las potencias. Hay que negociar un programa económico común, donde esté garantizada la propiedad privada, la promoción de nuevas formas de propiedad.

Se puede acordar proteger las empresas básicas. Lo importante es que las partes reconozcan que el conflicto no se va a resolver, pero puede servir para encontrar oportunidades de negociación, vamos a ponernos de acuerdo en lo que podemos negociar y pasas a otro nivel de conflicto. La idea es salir del conflicto actual. Eso es fundamental, porque el conflicto está escalando.

-¿De qué manera?

-Estamos llegando a una fase donde la dimensión militar parece que está definiendo el conflicto. Cuando hablo del plano militar, lo hago fundamentalmente desde una fase de 45 días en la que la oposición está asumiendo la insurgencia armada, el conflicto violento, como mecanismo para resolverlo. Eso obliga al Estado a tener respuestas militares. Aunque el Gobierno ha intentado mantener el conflicto en el terreno político, a través del llamado al diálogo y la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente. Además, está usando un arsenal de orden constitucional para enfrentar el plan insurreccional que está en marcha.

Hay una tentativa insurreccional que pretende derrocar al Gobierno, eso es obvio. Una tentativa que data de 2001. Luego de que el presidente Hugo Chávez asume el poder, inmediatamente se activa un plan para intentar derrocarlo, las evidencias son abundantes: el paro petrolero, el paro general, las guarimbas, la salida, las dos tentativas de golpe parlamentario, una con Henry Ramos Allup y otra con Julio Borges, al frente de la Asamblea Nacional (AN). Es decir, el Gobierno se defiende, principalmente en el terreno político.

Asegura que “cada bando tiene que aceptar que no tiene la capacidad para aplastar al otro, que el otro va a seguir vivito y coleando. Se tienen que reconocer,  negociar las condiciones para poder convivir con las diferencias”.

Schemel sostiene que lo que pasa en Venezuela “no es nuevo, puesto que algo similar ocurrió en otros países como Libia y Ucrania. Además de golpes parlamentarios como los sucedidos más recientemente en Brasil y en Honduras”.

Relata que esa tentativa tiene “una primera fase de 45 días que se basa en la movilización de calle, en la protesta violenta, en el cerco financiero internacional que obstaculiza las líneas de crédito, en la presión internacional, en el posicionamiento ante la opinión pública sobre un Gobierno dictatorial que viola los derechos humanos”.

Aseguró el entrevistado que “hay una segunda fase que es la de los focos violentos, la insurgencia armada y la activación de los grupos paramilitares que estamos viendo con claridad”.

-¿Quién está detrás de esta insurrección? ¿Hay evidencias?

-El Departamento de Estado de los Estados Unidos. Claro que hay evidencias. Está escrito en los manuales de guerra no convencional, de guerra de cuarta generación que se está aplicando en Venezuela, como se aplicaron en Libia. Es lo que se llamó en una oportunidad “las primaveras árabes, las revoluciones de colores” que son formatos asimétricos de lucha insurreccional. No se trata de ganar batallas, de ocupar territorios, lo que se trata es de crear un clima de ingobernabilidad, de neurotización que permita la desintegración del Estado y el colapso del sistema democrático y de Gobierno.

-¿Y se puede contabilizar cuántas personas estarían imbuidas en este plan que usted menciona?

-No. Por un lado están las movilizaciones de calle que son muy importantes y en la medida en que se agotan, siempre en lapsos de 45 días. ¿Por qué ese tiempo? Porque es el lapso en que los laboratorios de desestabilización social y emocional comienzan a evaluar los resultados de la estrategia. Es al final cuando se puede detectar claramente si ha habido cambios en el comportamiento social y luego inicia otra fase de 45 días que ya lo estamos viendo, que son la insurgencia armada, los sabotajes, la violencia, la activación de grupos paramilitares que están ubicados, como una especie de cerco, en Caracas y en estados como Táchira, Bolívar y hasta en Carabobo. Insisto, el objetivo no es ganar batallas, no importa si hay propuestas o líderes, no interesa el día después; lo que importa es crear una situación de ingobernabilidad, de caos, de neurosis colectiva que dé al traste con la institucionalidad y la estabilidad. Ya el Gobierno ha hecho barridas de orden militar y ha detectado grupos paramilitares activos, como ocurrió en barrios de Chacao y La Castellana, para citar ejemplos.

-¿Y los muertos? ¿Están en ese plan? Ambos bandos se acusan mutuamente de ser los causantes.

-Evalúa el perfil de los muertos, 12 ocurrieron cuando los saqueos, hay otros intentando esquivar las guarimbas, otros ocasionados por funcionarios policiales, otros que todavía no se sabe. Buena parte de esta estrategia insurreccional se basa en la creación de falsos positivos, en la necesidad de tener argumentos para crear una opinión pública internacional que acuse al Gobierno de Venezuela de violar los DD.HH.

-¿Qué fue lo que pasó para que el diálogo  se congelara?

-Los procesos de diálogo son muy complejos, sobre todo cuando el conflicto ha escalado y hay violencia. No se puede esperar resultados concretos, contundentes, definitivos de estos procesos en períodos tan cortos. Las negociaciones de las FARC con el Gobierno de Colombia han durado años y luego de acuerdo definitivo, aún hay conflictos. Lo importante es que de entrada hubo una aceptación del otro, y sobre todo entender que la agenda electoral es el último punto de la agenda, del menú de acuerdos. ¿Por qué? Porque primero se tienen que crear condiciones que permitan la estabilidad y la gobernabilidad.

Que el primer punto sea electoral, lo que puede hacer es ahondar el conflicto, porque en unas elecciones hay un ganador y un perdedor y el que gane va a querer aplastar al otro, y el otro no es mocho, se va a defender. Lo importante es que en la agenda de negociaciones los primeros puntos tengan que ver con la necesidad de crear condiciones, garantías, que permitan la convivencia, la aceptación del otro, y una vez que resuelves eso, convocas a elecciones. El vencido necesita llegar a acuerdos para garantizar su permanencia, pero cuando tu discurso no menciona por ningún lado la cohabitación, convivencia y alternancia, sino transición, derrocamiento, salida, persecución, cualquier gobierno se defiende y pelea, porque nadie se quiere sentir amenazado.

-¿Cómo evalúa el papel del Vaticano en el proceso de diálogo y la actuación de la Iglesia venezolana, principalmente de la Conferencia Episcopal?

-El Vaticano está apostando a que se creen las condiciones de un diálogo efectivo y negociaciones exitosas que permitan lograr una mayor estabilidad y negociar condiciones de gobernabilidad, incluso de alternancia. Está apostando por la paz y la convivencia. La CEV, desde el año 2000, apuesta por una línea insurreccional, está en contra de la línea del Vaticano a favor del diálogo.

La oposición no es alternativa

Por otra parte, el invitado considera que la oposición no es una alternativa, porque sus luchas y consignas no están identificadas con las necesidades de la gente, sobre todo de los pobres. “¿Cuáles son las consignas de la oposición? La libertad, la democracia, la Constitución, elecciones. Ésas son las consignas de la gente que come tres veces al día. Las preocupaciones de la gente son: el hambre, los alimentos, las medicinas, la inseguridad, la inflación. Dime una marcha o una consigna o un discurso que esté enfocado en lo que son las verdaderas demandas y expectativas de la gente”.

-Pero la solución de esos problemas son el centro de los discurso de los opositores. ¿Por qué dice que no se ocupan de las necesidades de la gente?

De vez en cuando hablan de las cosas que les preocupan a los pobres, pero las campañas sistemáticas, las de mayor resonancia, las constantes, son las que demandan libertad, democracia, libertad de expresión. El perfil social de las convocatorias de la oposición no toma en cuenta los verdaderos problemas de la mayoría.

-¿Pero de la solución de esos problemas no tiene que ocuparse el Gobierno?

Claro, lo que quiero decir es que las consignas, las banderas de la oposición no tienen nada que ver  con las mayorías. El perfil social de la oposición es de clase media. Ésas son consignas de gente que come tres veces al día que está preparando maletas para irse de vacaciones en agosto.

La gente que menos tiene ha sido la que más ha sufrido, por la incapacidad del Gobierno de resolver esos problemas, la falta de decisión en materia económica.

Óscar Schemel
Foto: Notitarde

-¿Qué pasa en el Gobierno que luego de 18 años no ha solucionado esos problemas?

Por un lado la corrupción, por el otro la incompetencia, el desprecio hacia la economía, las políticas  macroeconómicas. Impresionantemente en esos sectores de la izquierda más radical, hay una contradicción, porque a los marxistas se les acusa de economicistas. Pero aquí vemos un énfasis en extremo en el plano económico, cuando la crisis es hegemónica, tienen su raíz en la crisis económica. El desabastecimiento y la inflación generan una realidad que ha debilitado la capacidad de convocatoria del Gobierno.

-¿De tantas medidas que ha tomado el Gobierno, por qué cree que no han dado resultado y estamos en la crisis actual?

No se ejecutan, hay incompetencia, además de la corrupción. El Gobierno podrá reaccionar con la Asamblea Nacional Constituyente para presionar el diálogo, pero desde el punto de vista político. Pero si no resuelve el problema económico, está frito. Se hacen anuncios, pero no se ejecutan realmente esas medidas. Se concentra todo el esfuerzo en el tablero político, pero se olvida que la crisis hegemónica viene dada por la crisis económica. Si estuviésemos comiendo tres veces al día, el conflicto no habría escalado. La estrategia insurreccional de la oposición se alimenta de los errores de la gestión económica del Gobierno.

Fuerza social

Para Óscar Schemel, el descontento de la gente no significa que sus preferencias estén con la oposición, pues insiste en que políticamente la Mesa de la Unidad no es una alternativa. “La gente vota para castigar la gestión económica del Gobierno y vota para presionar por soluciones, vota incluso para presionar a la oposición para que intervenga, acompañe y presione por el menú de soluciones”.

Sostiene que “el chavismo sigue siendo una fuerza social, política y simbólica, la más importante del país. ¿Por qué? Porque la oposición se beneficia del malestar. Los avances electorales de la oposición no vienen dados por una estrategia exitosa, por un discurso que se conecte con las expectativas de la gente, por un liderazgo popular  que movilice o convoque a las mayorías populares. El éxito electoral de la oposición viene dado por el malestar y el descontento.

-Si las elecciones fueran el próximo fin de semana, ¿quién las ganaría?

Cualquier elección que se convoque en este momento la pierde el Gobierno y la gana el descontento.

Más que nadie, la oposición necesita llegar a acuerdos. Sin embargo, a pesar de que el chavismo no es mayoría electoral, tiene una base social muy sólida de alrededor de 36%. Ésa es una fuerza impresionante en medio de la crisis. El chavismo sigue siendo, desde el punto de vista simbólico y cultural, una fuerza impresionante.

La gente apoya el concepto, la justicia social, la participación popular, pero lo que quiere es que el modelo funcione, le resuelva los problemas y su realidad cotidiana. La gente le dice al liderazgo bolivariano: “Presidente, ya luché, ya avanzamos; ahora quiero que me llegue el agua, que haya comida”. El chavismo se divide en dos etapas, la de luchas y conquistas que se dio con el presidente Chávez y ahora se trata de demandar resultados de la gestión.

Asimismo, destacó el papel de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) en este momento que vive el país. Dijo que “la FANB fue reconfigurada culturalmente por el presidente Hugo Chávez y hoy su mayoría enarbola las banderas de independencia, soberanía y justicia social. Fueron sometidas a un proceso de reformación política, más progresista, a diferencia de otros países de América Latina”.

Con información de Notitarde