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María Lionza como patrimonio inmaterial
La certificación, emanada del Instituto del Patrimonio Cultural, no solo valida una práctica que se nutre directamente de la cosmogonía de los pueblos originarios, sino que asegura la preservación de sus rituales, ceremonias y fiestas.
Esta decisión eleva la figura de la «Reina de la Montaña», blindando su devoción con las leyes de protección cultural y reconociendo su papel como madre protectora en el espíritu de miles de creyentes.
La figura de María Lionza, también conocida como Yara o Guaichía, es el resultado de un poderoso fervor religioso que conlleva elementos indígenas, africanos y católicos, floreciendo a partir del siglo XX.
Existen múltiples leyendas sobre su origen, pero la más extendida la describe como una hermosa princesa indígena, hija de un cacique caquetío, que nació con ojos claros (a menudo descritos como verdes), un rasgo que se consideraba un presagio funesto para su tribu.
Según el mito, la princesa, al escapar de un destino sacrificial, fue raptada por una gigantesca anaconda, dueña de las aguas.
Los espíritus de la montaña castigaron a la serpiente, que se hinchó hasta estallar, y eligieron a la princesa Yara como la nueva Diosa protectora de la naturaleza, las aguas y el amor.
Fue así como se transformó en la deidad que cabalga sobre una danta (tapir) y preside la Montaña de Sorte.
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