¿De dónde proviene la falsa idea de la existencia de razas humanas?

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razas humanas - Noticias24carabobo

No se puede abordar el tema de las razas humanas sin considerar el peso de los prejuicios. Quienes creen en el poder de las ideas, deben admitir que este poder incluye también a los prejuicios. A pesar de las investigaciones científicas que han derrumbado los fundamentos del racismo, el concepto de las razas persiste y amenaza con un pavoroso renacimiento.

Un artículo de la BBC, recoge los fundamentos antropológicos que condujeron a la construcción pseudocientífica que pretende negar la igualdad humana. Es obligatoria en este caso la comparación con las clasificaciones de los animales. En ese caso, las razas geográficas definen agrupaciones de individuos que se distinguen por rasgos adaptados al tipo de ambiente. No obstante, en el caso del ser humano, el concepto tuvo una connotación muy diferente.

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La selección del medio ambiente no se consideraba influyente en la diversidad humana. En cambio, se interpretó como el reflejo de las características culturales de las muchas poblaciones del planeta.

Razas humanas superiores

Por ejemplo, los rasgos europeos eran considerados «superiores, equilibrados, hermosos». Ellos eran el reflejo exterior de la «inteligencia y la educación» que caracterizaban a sus miembros. En el otro espectro, según los antropólogos del S. XVIII, estaban los rasgos africanos, considerados «primitivos y poco atractivos». Tales rasgos representaban una población «ignorante e incivilizada».

Esta clasificación de razas humanas fue favorecida por el contexto histórico. El colonialismo y la esclavitud implementados por Europa encontraron asideros “científicos” para justificar esas acciones contra otros grupos humanos.

Justificadas por pseudociencia

Una de las primeras herramientas que se emplearon para discriminar las diferentes razas humanas fue la craneología. El naturalista alemán, Johann Blumenbach, (1752-1840) implementó la morfología craneal para determinar la raza de procedencia de un individuo.

Consistía en medir los cráneos de los principales grupos poblacionales conocidos. A cada uno se le atribuía un patrón preciso de características: cráneo globular, alargado, etc. Las mediciones se equiparaban luego con cualidades intelectivas más o menos desarrolladas.

De este modo se estableció una jerarquía social y cultural entre los grupos humanos, las llamadas razas humanas. La inconsistencia del concepto se nota porque nunca hubo una clasificación unívoca del número ni de los parámetros utilizados.

Una sola especie

En 1994, la American Anthropological Association se distanció de este obsoleto concepto y demostró su carencia de soporte científico. De hecho, la dinamicidad de la variabilidad humana no compagina con un concepto estático y estéril como el de «raza».

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La ciencia se alejó el concepto de razas humanas y de su connotación social modificando su forma de referirse a las diversas poblaciones. Entonces se determinó la existencia de una sola especie: el Homo sapiens.

El mismo ADN

Así mismo se evaluaron pruebas genéticas y moleculares en el ámbito de la antropología molecular. En un estudio de 1972, del profesor de Harvard, Richard Lewontin se analizaron unas proteínas contenidas en la sangre de diferentes poblaciones. Los resultados no mostraron diferencias significativas desde el punto de vista molecular para separar razas humanas.

Estudios posteriores contribuyeron a verificar que la secuencia de bases en el ADN humano es idéntica al 99,9%. Este resultado demolió por completo la posibilidad de encontrar un parámetro fiable para definir razas humanas.

Estos datos fueron importantes para sostener la igualdad de los seres humanos desde un punto de vista científico, imparcial y riguroso. Sin embargo perdura la triste idea de que todos somos iguales pero unos somos más iguales que otros.