El último deseo de un amor prohibido que terminó en tragedia

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El último deseo de un amor - El último deseo de un amor
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Mariana era una mujer que a pesar de estar casada quería una aventura amorosa, lo deseaba con ansias. El último deseo de un amor era lo que pedía, la rutina había acabado con su matrimonio, sumado a esto el tiempo y el cansancio.

Tenía 38 años pero sentía como si tuviera ochenta, la relación amorosa en casa se había perdido entre los niños y el trabajo. El último deseo era precisamente ese un nuevo amor, alguien que la motivara, no importa no iba a terminar su matrimonio.

Era así como Daniel era un fotógrafo que trabajaba en uno de los medios más importantes de Valencia. Se daba a conocer, era una persona jovial, llena de vida, tenía 39 años y la vida amorosa del reportero gráfico había sido negativa.

Pero no importaba siempre que conocía a alguien se enfocaba en tener una aventura amorosa. Fue así como por cosas del destino conoció a Mariana, cuando vio su mirada con aquellos ojos grises sintió de todo. Sabía que había nacido algo.

Por parte de Mariana no pensó en ninguna aventura amorosa con el fotógrafo. Pero sin querer aquella química comenzó a nacer y el destino se encargó de colocar ese extra. Hablaban por teléfono se llamaban en horario de trabajo, primero como amigos.

Pero luego de aquellos mensajes que Mariana borraba de inmediato había una mujer sonriente. Si carro, un Chevrolet Aveo era una oficina ambulante donde había de todo y un día que se vieron el fotógrafo lo ordenó.

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El último deseo de un amor prohibido

Era prohibido aquel amor, incesante como cuando nacen los amores, intrépido y rápido. Había chance de un café y también de una aventura amorosa. Daniel era un empedernido lector y ella le regaló unos libros. Tuvieron seudónimos para no despertar sospechas.

Mariana había cambiado, había ido a la peluquería y se había arreglado el cabello. Aquellos ojos grises brillaban y la familia de ella si sospechaba. Y aquella sospecha de una aventura amorosa ya la sabían sus hermanas.

Eran aquellos tiempos de canciones de amor, baladas inolvidables que llegaban al corazón. La aventura amorosa de ambos había tomado calor, fuego y cada día era más pasión. Pero eran verdaderos artistas de no dejar huellas ni pistas.

Mientras Daniel aprovechaba el tiempo de pautas asignadas por su jefe Jacinto Oliveros para verse con Mariana. Vivían aquella aventura amorosa al máximo y en el tiempo que se permitía.

Ambos eran trapecistas sin red y donde la carpa del circo era el inmenso cielo valenciano. Ya Mariana no lo veía como una aventura amorosa; de hecho cualquier tiempo era aprovechado para verse y para jurarse amor.

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Rojo fuego…

Luego de cinco meses de la aventura amorosa violaban las reglas, se mostraban en público y a ambos se les veía esa sonrisa. El esposo de Mariana sospechaba que había alguien, por aquel cambio tan brusco de su esposa.

Pero no habían pistas, no habían huellas y ella lo negaba todo, de inmediato. Mientras Daniel llegaba temprano a su trabajo y a dedicarse a lo que era su pasión amorosa la fotografía y Mariana. Eran aprovechados los minutos que fueran.

Ya cercano diciembre se iban a jurar amor eterno, no importa si ella estaba en su hogar y el en su apartamento solitario. Aquella relación amorosa se iba a convertir en algo más fuerte, no era efímero ya era una relación de verdad.

La tragedia

Compraron un globo chino, aquellos rojos que vendían en toda la ciudad y decidieron que a la media noche de diciembre lo encenderían. Se juraron que la aventura amorosa pasaría a amor eterno pero el globo no se elevó, si apenas daba unos metros hacia arriba.

Por su parte lo intentaron hasta que este tomó altura y se perdió entre la inmensidad desde el parque de La Esmeralda. Como locos adolescentes de aquella relación amorosa salieron del lugar estaban dispuestos a irse; querían olvidar todo y dejar todo por aquel amor.

Se dieron un beso fuerte, inmenso como el cielo el cual dejaba claro que la aventura amorosa era verdad. Como si se hubiesen escapado de una historia rosa de novelas. Habían burlado todo, familia, barreras y vivían aquel amor.

Mariana y Daniel de habían jurado el último deseo del amor prohibido el cual parecía no ser una aventura amorosa. Se iban a otra parte, donde el amor los llevara donde la felicidad los condujera.

Ya saliendo de la urbanización La Esmeralda, vieron como un pasaporte a la vida amorosa la luz verde. No se percataron que venía un camión a exceso de velocidad en la avenida Don Julio Centeno. Ambos perdieron la vida en un accidente de tránsito.

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