La noche de luna llena

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Noche de luna llena - Noche de luna llena
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Era una noche de luna llena, en 1993, cuando Raúl estaba esperando por su esposa en un local que ambos tenían; exportaban zapatos y ropa deportiva pero todo se había ido al piso. Quería firmar el divorcio, ver cómo quedarían con los bienes e irse al extranjero.

“Después que firmar el divorcio, llegará la hora de ser feliz”; decía Raúl. Mientras esperaba con impaciencia a Melissa. Ya los abogados de lado y lado estaban al tanto, sabían que habían mentido en las declaraciones de lo que importaban.

“No le voy a prestar atención a eso, tenemos dinero, de dónde salió, no importa”; decía Raúl. Mientras Melissa se arreglaba el cabello y tenía temor de verse con quien todavía era su esposo en el local; habían acordado con los vigilantes a que estarían allí reunidos.

Raúl pensaba que hacer con el dinero si montar una posada en Los Roques, o irse en definitiva a Miami. Dos bancos que estaban en ese tiempo en quiebra unas semanas antes; le habían dado dinero de préstamo. “Ya esa plata no se paga la tengo bien guardada”.

“Tengo dos mil dólares guardados en estas cajas de zapatos en el depósito; además de esto 22 millones de bolívares en otras cajas”; decía Raúl. El local era una especie de banco o bóveda para él, nadie sabía de lo que había hecho. Además de que los zapatos los guardaba en bolsas plásticas y los empleados tenían prohibido entrar a esa parte del local.

Noche de luna llena en el local

El teléfono del local repicó y el vigilante le avisaba a Raúl que Melissa estaba entrando. La mujer llegó y él abrió la puerta de emergencia para que entrara. Las discusiones entre ambos eran famosas por el odio que ya se tenían. “Dónde está lo que hay que firmar para salir de esto y de ti”; le dijo Melissa. “Eyyyy no vayas tan rápido, con calma”, dijo él.

“Todo el tiempo vives metido en el local noche y día, para mí que debes tener otra mujer aquí”; le dijo Melissa. Raúl dijo que no tenía ninguna mujer por fuera y que prefería estar allí trabajando.

Melissa se quejaba que más nunca atendió a sus hijos y se había obsesionado con la seguridad del local. ”Tú sabes cómo se vive en este país, aquí hay que cuidar el dinero y los bienes; estamos en plena crisis bancaria del año 1993”; decía Raúl.

Por su parte, Melissa arremetía y lo insultaba y quería saber cual era ese secreto que guardaba con celos en el local. Raúl le sacó las carpetas y le dijo: “por favor necesito que firmes y luego de esto, adiós”. La mujer se apuró en firmar todo para irse del lugar.

En buenos términos

Raúl era muy desconfiado de los bancos y poco a poco lleno el local de dinero; su objetivo era que el local se convirtiera en una especie de caja fuerte. Cuando los empleados iban a solicitar los zapatos; el entraba los buscaba en una bolsa y sacaba el dinero de la caja.

Por su parte, Melissa quería descubrir todo aquel misterio del local; ya que siempre pensó que era una mujer la cual guardaba allí. Cuando se despidió de Raúl esa noche de luna llena le dijo; “te voy a descubrir y veras que sabré que amante guardas aquí”. A lo cual, él le contestó que “yo aquí no tengo amantes, ni aquí, y tampoco afuera”; le dijo.

Melissa quedó conforme con los términos y se despidió; mientras Raúl esperaría un rato para poder irse. La mujer pensaba que era fácil descubrir aquello y ver que era el secreto que allí guardaba; pero su curiosidad era tan fuerte que armó un plan para entrar.

Dentro del local

Ya al paso de dos semanas se imaginó que Raúl estaba con varias amantes dentro del local; mientras que aún su esposo estaba cuadrando mayores negocios. “Me voy para el local, yo tengo la llave”. Le dio dinero a los vigilantes para poder entrar; los vigilantes le dijeron que no sabían si Raúl iba esa noche.

Al entrar al local vio que todo estaba tranquilo y decidió esperar a Raúl; pero su curiosidad la llevó al depósito, y como pudo entró. “Aquí solo hay zapatos, Raúl está loco, quien le va a robar tantos zapatos”; se puso a abrir las bolsas y solo encontraba zapatos y más zapatos.

Sentía calor y había abierto muchas bolsas y todo estaba regado, veía la hora y Raúl no llegaba. Tenía miedo ya que estaba desordenado todo el local; pero le dio mayor miedo cuando no pudo abrir la puerta.

Entre el miedo, la desesperación y la claustrofobia comenzó a abrir las cajas de zapatos y ver los dólares. Pero, para la mala suerte de Melissa varias bolsas habían caído sobre unos cables originándose un incendio.

El asombro

Los vigilantes poco pudieron hacer por el voraz incendio que se originó en el local; mientras Raúl encontró sin vida a su esposa. Todo el local se consumió entre las llamas y los cables de electricidad; lo perdió todo, dinero y hasta su esposa.

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