La venganza del gato

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Orlando no creía en eso de que los felinos tienen siete vidas y menos si la venganza del gato venía si lo mataba. Era un tipo solitario profesional vivía en San Diego; pero el odio a los animales era brutal.

“Cuando no es un perro son estos gatos, los cuales detesto”, decía viendo los cauchos de su carro. Detestaba que los vecinos del conjunto residencial soltaran a los perros y que los canes orinaran a diestra y siniestra. “Algún día van a ver… no me pelan los cauchos con su orine; la venganza del gato no existe”.

Le molestaba el olor a los gatos, además de que veía como las necesidades de los animales estaban en el estacionamiento. “Estas mujeres, sus perros y gatos, esto parece una selva de tanto animal”, decía el contador.

Trabajaba y detestaba ese amor a los canes que mucha gente manifiesta en sus redes sociales. ¿Orlando no te gustan los perros?, le preguntaba Úrsula, su compañera de trabajo. “Si me gustan… pero calientes… los perros calientes”… decía y lo tomaban como una sátira.

“Perros, gatos, iguanas, bichos raros, insectos como mascota, yo no sé para qué Dios creo eso”, decía el contador. Era un trabajador insigne en una de las mejores empresas contables de Valencia.

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Comenzó a experimentar a ver vídeos de torturas de perros y gatos en su mayoría de otros países. Era un tipo introvertido, “yo odio a esos bichos de cuatro patas”. Por supuesto no le temía a nada. “Yo los detesto y algún día van a ver”, decía el contador

La venganza del gato

Todos los días se presentaba un problema con los vecinos en la planta baja, los cauchos del carro y las mascotas. Las vecinas de las torres cercanas dejaban salir a sus perros schnauzer para que orinaran; enseguida buscaban el carro del contador.

“Usted me lava el carro a diario, los cauchos, vaya y vea la gracia de su perro”; decía el contador. Quería inventarse algo para poder desaparecer a los canes de los edificios, los cuales lo vio muy fácil.

En la mañana en su Aveo azul, llegó y comenzó a calentar el carro… cuando vio que la vecina dejaba salir al perro. Como la mujer pensaba que nada podía pasarle al cachorro Diamond; el contador vio para todos lados… y subió al perro en el carro…

“Eso es perrito tranquilito… te ves más bonito y vamos a dar un paseíto”; el vigilante solo levantó el tubo de la barrera. El perro permanecía inerte y esperando… El contador salió corriendo en el carro.

“Vamos a ver a quien le vas a orinar mañana el carro y los cauchos perro del demonio”; decía el contador. Como pudo se metió rápidamente en el acceso a la Universidad desde la Variante; y aprovechando la soledad del lugar lo dejó ir…

“Vamos a perdonarte la vida, total la vecina está buena para hacerla llorar”; el perro desesperado quedó en el lugar. El contador iba viendo por el espejo retrovisor como el can estaba perdido… “Ahora vas a ser un perro de la calle, nadie te manda a orinar mis cauchos”.

Uno hoy y otro mañana

Unos días después en la cartelera de la residencia habían colocado fotos y rescate por el perro; pero no conforme el contador quería saciar su rabia. “Ya me llevé uno, así los voy a ir dejando por otro lado”; trabajaba pero pensaba en los perros y gatos del edificio donde vivía.

“Ustedes si son con esos perros y gatos”, decía a sus compañeros de trabajo. En su apartamento  el contador pensaba en cómo seguir cobrando venganza. Veía a través de su ventana a la vecina triste por la desaparición del perro.

“Seguro el perrito de esta ya es malandro jajajajajaja, para que respete”. Pensó que era pronto desaparecer otro perro, el contador se desesperaba al ver a los canes. “A ver que me invento, para desaparecer a varios”, decía el contador.

En su oficina se daban cuenta que su odio a los animales era demasiado. “Allá ustedes que gastan dinero en comida para perros o gatos; o dar esa plata a fundaciones”; decía el contador. Mientras levantaba comentarios.

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El cabo suelto

Amilcar era un niño que amaba a los animales y jugaba a ser el detective del edificio, quería ser policía cuando fuera grande. Esa mañana estaba jugando con el celular en la ventaba cuando vio al contador en una actitud extraña.

Activó el celular y vio cuando el contador montó a uno de los perros en el carro… “Si el vecino odia a los animales que hace llevándose a un perro”. Prefirió guardar el vídeo y no decir nada a los padres; quería seguir investigando; sin darse cuenta descubrió la venganza del gato.

Orlando rápidamente salió del estacionamiento y apenas si saludó desde adentro del carro al vigilante. “Ya dejé al otro perro por otro lado este lo voy a votar por Valencia”; el perro iba intranquilo y llorando en el carro… “te quedas tranquilo”; le gritaba el contador.

Observó que el Paseo Cabriales en estos tiempos de pandemia estaba solo y bajó al perro. El contador no se dio cuenta que una joven lo estaba viendo… “Eyyyy señor… por qué deja ese perro allí”… Orlando se perdió del lugar.

Marina se llevaba al perro para la vieja casa de la avenida Independencia donde vivía con la abuela. “Este perrito lo dejó un hombre de un Aveo azul, dejó abandonado al perrito”. El contador le preocupaba que lo habían visto… “Ja!!! que me puede pasar cuantos Aveo azul no hay en Valencia”.

El descubrimiento

Llegando a su puerta el contador ve que estaba Joya una gata muy cariñosa que vivía en el edificio de al lado. “Ah caramba ven acá gatica… ven”… aprovechó que no había nadie y la metió al apartamento.

Ya allí aprovechó para amarrarla de las patas mientras luchaba con la intranquilidad de la misma. “Ya vas a ver cómo te vas a salvar de esta… vamos a ver si los gatos vuelan”… lanzándola desde el baño.

Amilcar su vecino hacia la tarea… pero no dejaba de ver a la ventana del vecino “Voy a tener el celular prendido, ese tipo no me da buena espina”. Cuando el niño apenas le dio para grabar una evidencia que lo sorprendía.

A toda velocidad, Orlando abrió la ventana y lanzó a la gata al vacío, amarrada sin percatarse que lo estaban grabando.”Ahora si es tiempo de actuar”, el niño llamó a su mamá para que lo acompañara.

“Amilcar que es esto… ¡Dios mío! Ese hombre es un maltratador de animales”; dijo Carolina la madre del niño. Orlando, el contador estaba en su apartamento revisando vídeos de maltratos; cuando se llevó la sorpresa de su vida.

El vídeo ya era viral no solo en los grupos, ya el mismo estaba rodando en las redes; la gente pedía justicia. Una foto del contador rodaba en internet, enseguida Marina la joven que tenía el perro se sorprendió. “Este es el loco que dejó al perro”; y se sumó enseguida a la acusación.

¡Yo me voy!

Asustado y con los latidos del corazón a millón veía como el celular le estaba sonando y quería salir del edificio. Como pudo huyó de la residencia , Marina terminó de dar una acusación fuerte ante el contador Orlando. “Dejó al perro en el Paseo Cabriales y se fue, no me imaginaba que el perro era suyo”; le dijo a la dueña del can; tampoco de la venganza del gato.

El contador se alojó en un hotel a las afueras de Valencia… “esa gente me quiere linchar; y ahora que hago”. Revisaba en su celular y ya el Ministerio Público lo estaba buscando; y hasta en los noticieros internacionales salía su foto y el vídeo del felino; arañando el aire para aferrarse a la vida.

Estaba arrepentido y sudando frío de lo que había hecho… ¡Dios mío como pude ser tan idiota!. Sin embargo en los tantos portales de noticias que hay en Valencia daban una versión del hecho. El contador se le salieron las lágrimas… ¡Dios mío perdóname!

Terminó entregándose ante las autoridades donde lo registraron, el contador Orlando lo enviaron a la cárcel. “Ah caramba mira este es el loco famoso que maltrata a los animales. Nosotros vamos a cobrarte la venganza del gato”… le dijeron además al entrar a uno de los calabozos…

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