La leyenda urbana del industrial y el perro en Valencia

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foto: UnoTV
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Mateo era un industrial de mucho renombre en Valencia, eran aquellos años sesenta y setenta; era uno de los hombres más conocidos en la capital carabobeña. Venerado, respetado y un hombre de mucho dinero.-

“Me le subes medio a cada producto que vayamos a vender”, decía a Julián, uno de los gerentes de la empresa. La fama le daba para mandar, irrespetar e insultar al que quisiera. “Yo hago lo que se me da la gana”, le llegó a gritar a un Fiscal de Tránsito en aquel tiempo.

Era tanto el dinero que tenía para aquel tiempo que los camiones de espumosas como de malta y refrescos despachaban grandes cantidades en su casa. “Cuidaito con tomarse alguna de mis bebidas”, le decía a los que trabajaban con él.

“No te cansas de ser un déspota con la gente, mira como hablan mal de ti en toda la ciudad”, decía su esposa Martha. “Para lo que a mí me importa, soy casi un Dios en esta ciudad”; decía el empresario.

Los demás industriales evitaban invitarlo a reuniones, mi empresa es la que más vende, decía. Un día llegó un perro de la calle a la puerta de la empresa, justo cuando estaba saliendo de la misma. Se bajó del carro y pateó al animal.

La leyenda del industrial

El perro murió de inmediato, misteriosamente desde que golpeó al perro quedó con una dolencia en la pierna derecha. “Bien bueno golpeó al perro ese y me quedó doliendo la pierna”, decía mientras manejaba a su casa.

La muerte del can en la puerta de la empresa pareció traer lo peor al hombre a finales de los setenta. Mientras los otros industriales salían adelante la mercancía del excéntrico hombre se venía abajo. “Por qué tuve que matar a ese perro”… decía.

“Mira lo que la gente está diciendo que tu a todos los productos le estabas colocando un precio alto”; decía la esposa. Al llegar a los bancos en aquellos años las personas le daban la espalda. “Ahora todo el mundo me odia”, decía el hombre.

Las personas no hacían más que hablar de los productos. Ya se sabía que eran caros para aquel tiempo. Un día camino a la casa no sabe si se estaba quedando dormido cuando vio un perro blanco saltar al carro; lo que le provocó un accidente.

La fortuna de aquel hombre se desvanecía en los bancos, las personas le reclamaban, mientras su vida se convertía en una pesadilla. “Perdí millones en semanas, no me queda si no declararme en quiebra”; para el Viernes Negro de 1983 estaba en la calle.

Cuidando carros

Mateo, estuvo trabajando de taxista y las personas se asombraban de verlo al volante. “Pero usted era el industrial que tenía todo”. Aunque las personas le insistían en ser el acaudalado hombre decía; “crees que si tuviera dinero manejaría un taxi”.

Años después estuvo como “parquero” en una de las avenidas de Valencia. Un día en un mediodía de un sol radiante; y un calor insoportable vio llegar a un hombre que curiosamente le recordó aquel instante; que solo el sabía.

“Ah ahora está aquí… y los millones… la fama y las empresas… eso es para que vuelvas a patear a un perro”… Mateo nunca supo quien era aquel misterioso hombre que llegó en un carro blanco…

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