Tras el éxito en taquilla de «Parasite» y nominaciones a los Premios Oscars; la película retrata como viven los miles de surcoreanos que habitan en semisótanos de Seúl.

Pues, «Parasite» cuenta la historia de una familia pobre de Corea del Sur que vive en un pequeño y oscuro semisótano; y una familia rica que vive en una glamorosa residencia en Seúl.

Asimismo, un trabajo especial de la BBC muestra como viven los miles de surcoreanos que habitan en semisótanos de Seúl.

Los semisótanos de Seúl

Oh Kee-cheol; quien comentó que básicamente no hay luz solar en un banjiha. La gente puede husmear en su departamento por las ventanas. Los adolescentes ocasionalmente fuman fuera o escupen al suelo.

En el verano, sufre una humedad insoportable y batalla contra la rápida expansión del moho.

Igualmente, el baño de un banjiha es diminuto carece de lavamanos y se eleva a medio metro del piso. Su techo es tan bajo que tiene que pararse con las piernas abiertas para evitar golpearse la cabeza.

Surcoreanos que habitan en semisótanos de Seúl, que retrata "Parasite"
Foto: BBC

Además, explicó Oh, de 31 años, un trabajador de la industria de la logística; «cuando me mudé por primera vez, me hacía moretones por los golpes en mi espinilla con el escalón y rasguños por estirar los brazos contra las paredes de concreto».

Sin embargo, algunos habitantes de banjihas luchan por superar el estigma social. Aunque no todos.

Por su parte, Park Young-jun, un fotógrafo de 26 años, vio «Parasite» poco después de mudarse a su banjiha. Sus razones iniciales para elegir un banjiha eran simples: asequibilidad y espacio.

Los banjihas

Cabe destacar, que los banjihas no son solo un capricho de la arquitectura de Seúl; sino un producto de la historia. Las raíces de estos pequeños espacios se remontan décadas atrás, hasta el conflicto entre Corea del Norte y Corea del Sur.

Surcoreanos que habitan en semisótanos de Seúl, que retrata "Parasite"
Foto: BBC

Al principio, alquilar esos espacios banjiha era ilegal. Pero durante la crisis de la vivienda de la década de los 80; cuando la capital se fue quedando sin espacio. El gobierno se vio obligado a legalizar como viviendas estos subterráneos.

Del mismo modo, ONU señaló que a pesar de ser la undécima economía más grande del mundo; la falta de viviendas asequibles en Corea del Sur. Era una barrera sustancial, especialmente para los jóvenes y las personas más pobres.

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