El caso del extraño dibujante de Shanghái

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El dibujante en Shanghái - El dibujante en Shanghái
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Lin quería surgir y ser un famoso dibujante en Shanghái, caminaba por las calles frías de la ciudad china pero no lograba dar con el arte que buscaba. Quería encontrar ese empuje que le diera aplausos y que la gente lo considerara uno de los mejores.

De paso no tenía muchos implementos para poder plasmar su arte y vivir directamente de eso era 1973; incluso quería irse a otro país. Lin vivía solo a sus 24 años, sus padres trabajaban lejos del bullicio chino y el estaba la mayoría de las veces en las calles.

Caminando en la calle Dongtai le llamó la atención el precio de una vieja cartuchera de lápices; más asombro le causó el costo que eran unos pocos yuanes. Estaba asombrado de aquellos lápices; al otro día en la calle Moganshan se volvió el más popular.

Los dibujos de rostros de las personas eran encargados y el mismo Lin estaba sorprendido; sentía que sus manos se iban solas con los lápices que había comprado. “Si sigo así seré millonario”, decía el dibujante.

De hecho las personas lo buscaban y sabía que era ya famoso en apenas días, pero la sorpresa llegó semanas después. En los titulares de los periódicos varios de sus clientes habían fallecido en extrañas circunstancias. Las personas decían en la parada de los autobuses que todos tenían en la mano los dibujos de un dibujante llamado Lin.

El dibujante en Shanghái

El dibujante tenía miedo, y se preguntaba sobre aquellas muertes, y si la policía lo estaba buscando. Siguió dibujando pero en otra calle, y poco habló del tema, se marchó a otro lugar a vender sus obras; una persona le encargó un paisaje chino y a la semana el lugar sufría un deslave y había dejado varios muertos.

Lin estaba preocupado, ya que parecía que todo el que le comprara una de sus obras hechas con los lápices moría o le ocurría algo malo. Optó por no firmar los dibujos y solamente a vender los que la gente les encargaba.

Se quedaba viendo los lápices y todo el estuche de dibujo buscando una pista. “Pero he logrado fama gracias a estos lápices y no quiero dejarlos”, decía Lin. Dormía poco y todo el tiempo hacia más pruebas con sus lápices y los compradores morían días después.

“Todo esto me está preocupando demasiado”, Lin tomó su bicicleta y se fue a la tienda de la calle Dongtai pero el vendedor de los lápices había muerto días antes; lo que aumentó su preocupación en la ciudad. No sabía si echar los lápices a la basura o dejarlos en cualquier parte.

Fatal desenlace

Llegó un hombre a la calle del arte buscando a Lin y a ofrecerle unos yuanes por la vieja caja de lápices; era un hombre que tenía tiempo buscándolo. El dibujante no dudó en entregarla, era un hombre que le pareció extraño, de hecho no le dio la mano al conocerlo.

Lin vio bien el rostro del hombre el cual solo le comentó que venía a darle lo que pidiera por la caja de lápices. Unos meses después Lin se sorprendía de ver la cara de aquel hombre en un viejo periódico donde lo señalaban como un fallecido… en el periódico decían «el dibujante de Shanghái se había fugado de la cárcel y había muerto».

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