El hombre que no usaba el casco

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Robert se persignaba luego de despertarse en la madrugada sudoroso era conocido como el hombre que no usaba el casco. Pero aquella pesadilla lo dejó pensando, “bueno que no me pase nada, mañana no me pelo esa fiesta de La Guaira”.

Todo el día lo pasó pensando en el sueño, donde veía fuego y un camión incendiándose. “Debe ser que comí mucho que tuve pesadilla”. Con sus guantes y su chaqueta de jeans era el mensajero más rápido de Chacao.

“Mañana nos vemos allá en Las Tunitas mi pana, no nos vallas a fallar”, decía Robert a través del Whatsapp al grupo. “Si mi loco pero póngase ese casco, andas volando en esa moto y sin protector en la cabeza”, le decía Larry.

“Tranquilo mi hermano Larry, yo soy anticasco, de hecho, eso es un estorbo cargarlo”; decía riéndose. Pero a pesar de la alegría pensaba en la pesadilla, “bueno cancelado y transmutao Robert, a triunfar que pa’ eso andas en moto”.

El hombre que no usaba el casco

Robert bajaba a toda velocidad por la Autopista Francisco Fajardo, mientras sentía que era un piloto de Moto GP; e iba compitiendo contra Valentino Rossi. “Soy el Rossi venezolano así sea motorizado”, decía.

Eran las tres de la mañana y Robert bailaba Mi Jaragual en Las Tunitas en La Guaira; “pana te pones el casco cuando te vayas”. Eso para el muchacho de 22 años era un insulto ya que decía que usarlo era un estorbo.

“Estas como loco mi pana bajo pa’ Caracas de una vez más tarde”… Criticaba el uso del protector cuando andaba en la moto. “Esta noche yo vine para acá a bonchar y a pasarla bien”, decía mientras bailaba otra salsa cabilla.

A las cinco vio el reloj y se fue despidiendo de los motorizados en el lugar. “Robert, chamo pila no te vayas ahorita, espérate pa’ baja todos, más bien debieras quedarte y nos vamos pa’ la playa”.

“No vale yo tengo que llegar temprano y descansar vale, otro día nos vemos”, dijo Robert. Encendió la moto y salió. Iba rápido y sin el casco y del lugar hasta la autopista le quedaba lejos todavía. “Bueno poco a poco”.

La fatalidad

No quería pensar en la pesadilla que había tenido, respiraba profundo mientras iba a una alta velocidad en la moto. Cuando vio el camión rojo Ford 750 recordó el mal sueño y justo en ese momento explotó uno de los cauchos del camión.

Todo se le nubló y escuchaba voces mientras sentía que el cuerpo le ardía… “si hubiera cargado el casco se salvaba”… fueron las últimas palabras que escuchó Robert.

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