La avaricia rompió el saco, el extraño negocio de Soledad

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La avaricia rompió el saco - La avaricia rompió el saco
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Soledad tenía 45 años, gracias a que practicó atletismo en su niñez y adolescencia tenía una figura envidiable. La avaricia rompió era uno de los lemas que siempre criticaba; decía que siempre se podía tener más y más dinero.

En el año 2019 a finales de ese año quiso lucrarse con un buen negocio, el de la gasolina; eso sí quiso hacer dinero costara lo que le costara. Sabía que tenía por delante un reto gigantesco más si estaba sola; pero no importaba.

Podía aprovechar el apartamento que tenía en una zona de Los Teques para ir guardando bidones pequeños de gasolina. “Ese es el negocio, comparé varios bidones de 20 litros y tengo este almacén aquí; pero iré metiendo de bidones pequeños”; decía Soledad.

La hermosa mujer de cabello negro liso era audaz en los negocios siempre ganaba dinero y decía ser la Diosa de La Fortuna. Enseguida buscó hacer grupos en Whatsapp para informarse de la gasolina; de hecho aprovechaba de dormir en el carro para poder llenar el tanque.

Gracias a su belleza y por ser una mujer muy simpática se metía a todo el mundo en el bolsillo; desde el que estaba en la cola de primero, hasta el bombero que estaba en el surtidor. “Yo ahora si seré millonaría”, decía Soledad.

La avaricia rompió el saco

Soledad buscaba la manera de comprar bidones de 10 y 15 litros y poco a poco los iba colocando en un cuarto del apartamento. Poco a poco por otro lado ella misma los vendía en dólares; y como siempre la veían con un bidón se hacía que siempre era el mismo.

“Vecino es que siempre cargo un bidón usted sabe por la gasolina”, decía Soledad en el edificio. Eso sí evitaba vender gasolina allí mismo; para no despertar sospechas. De hecho en Los Teques tenía ese escondite de la gasolina.

No le había importado los trasnochos del mes… “yo duermo en el carro no es cómodo, pero poco a poco tengo dinero”. De hecho gracias a eso ya no le importaba que la botaran de la empresa de alimentos donde trabajaba.

“Ya me botaron, no importa tengo mi propio negocio y emprendimiento”, decía Soledad. En el mismo apartamento y por considerarlo un lugar seguro consideró guardar el dinero. Tenía una buena cantidad de dólares.

De hecho, arregló una camioneta pickup vieja que había en casa de su padre y se la llevó a las colas de la gasolina. Ya con eso Soledad tenía mayores oportunidades de cargar; en el apartamento la llamaban “la vecina del bidón”.

Lo que no esperaba

En meses había hecho dinero, vendía gasolina, de diez litros en adelante, de hecho se cuidaba de las autoridades. “Yo me cuido de todo el mundo y mis clientes son exclusivos”; decía Soledad.

Eran las tres de la madrugada cuando su celular estaba sonando y sonando y ella se encontraba en una de las colas. ¿Qué pasó? Decía Soledad… “señora Soledad su apartamento se está quemando pero el fuego ha consumido todo”; le decía un vecino.

Soledad salió de la bomba en veloz carrera y ya al estar cerca vio el apartamento en llamas. La mujer gritaba y se sentía perdida. De hecho hubo personas heridas por el incendio donde la mujer descubrió por qué la avaricia rompió el saco.

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