La noche en el cementerio y el adiós del ángel

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La noche en el cementerio - La noche en el cementerio

Era 1978 era común en aquellos años recibir el año en Jardines del Recuerdo; la noche en el cementerio era como una aventura. Recién, Adelso había fallecido luego de haber peleado en un bar en la avenida Las Ferias.

Jardines del recuerdo lo abrían en horas de la noche en Navidad y Año Nuevo; la noche en el cementerio era tranquila. Valencia era una ciudad que no es ni la sombra de lo que es hoy en día; había criminales pero el asunto no era tan profundo.

Toda la familia y los amigos de Adelso rodeaban la tumba del hombre el cual había levantado una familia trabajando. No se imaginó que la muerte estaba tan cerca y menos saliendo de un bar; donde murió de una puñalada.

Un niño preguntaba a la mamá por su abuelo y le hablaba desde hace rato a la tumba en  aquella noche de año nuevo. Pedro Luis era el nieto preferido del abuelo Adelso; con tan solo seis años ya volaba papagayos.

La noche en el cementerio - La noche en el cementerio

Le había enseñado al nieto que la muerte no existía y que era un largo viaje. Pedro Luis había crecido en un mundo bonito y de fantasía donde el abuelo lo era todo. Aunque habían matado al abuelo, él decía verlo por la casa.

La noche en el cementerio

“Mamá, mamá el abuelo me dijo que este año me iría con él”; el pequeño nos sabía lo que era la muerte. “Abuelo sal de allí ahora no te puedo ver” decía el niño aquella noche de Año Nuevo. Las personas pensaban que eran solo cosas del niño.

“Papá, mi abuelo me dijo que tú me llevarías con el este año”; los integrantes de la familia entre la pérdida de Adelso no prestaba atención a lo dicho por el niño. Pedro Luis aquella noche jugueteó con sus carritos en la tumba del abuelo; la muerte para él no existía.

“Abuelo sal de allí vamos a jugar carritos”, nadie prestaba atención de hecho lo dejaban hablar y hablar. Los carritos estaban en la tumba y el inocente niño quería dejarlos allí… “te voy a dejar los carritos abuelo y me los llevas después. Esa muerte se llevó a mi abuelo”.

Pedro Luis siempre hablaba del abuelo, el hombre le había mostrado los colores; las letras y se la pasaba más en la casa con los abuelos. “Mamá que es la muerte”, y siempre le decían que era un largo viaje.

Eras así como la vida de Pedro Luis seguía con su mundo bonito, en aquel año 1979 siendo un niño. Pero en su familia no pensaban que la muerte estaba cerca y que pronto la tragedia tocaría de nuevo su puerta.

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El viaje de la playa

Ya con unos meses encima y aun con el dolor de que la familia perdiera al pilar de la casa. Noris la hija de Adelso trataba siempre de darle amor a su hijo; evitar comentarios de la muerte; y que dejara al abuelo tranquilo.

Daniel, el papá del niño lamentaba la muerte del suegro que lo había aconsejado a no comprar carros usados. “Lo mejor es colocar un poquito más y poder comprarte un carro nuevo”; Adelso decía que un carro usado podría ser la muerte.

Pero Daniel entre todo y entre el dolor de Noris tenía a la familia primero; nunca pensó en otra mujer, lo malo eran los tragos. Unas cubas libres, unos tragos de aguardiente y unas copas de licor siempre le llamaban la atención. “Quien dijo que la muerte eran los tragos” decía. Además No se acordaba tampoco de La noche en el cementerio.

Había comprado un Malibú Classic 77 apenas tenía un año de haber sido lanzado. “Una ganga compré este carro prácticamente en un remate”. El dueño lo vendió y le dijo si quieres hasta te lo regalo. Nunca pensó que gracias a ese carro llegaría la muerte.

Planeó un viaje a la playa con la familia y con los amigos para buscar la alegría a la casa. “Ya vamos a alejar la muerte, es hora de vivir”. Le dijo a Noris que quería verla con el traje de baño además de caminar con Pedro Luis por la playa.

Unos tragos, la tragedia y la muerte

Morrocoy había sido el escenario el cual había ido la familia con los amigos. “Suegra usted lo que tiene que hacer es buscarse a otro hombre; el suegro estaría feliz”; jugaba Daniel con la madre de la mujer que amaba.

Pedro Luis decía al papá que estaba feliz… ¿por qué tanta felicidad? Le preguntaba a su hijo. “Papá me acuerdo del abuelo cuando venimos a la playa”. Siempre preguntó que era la muerte… ¿Papá que es la muerte?… ¡ya deja al abuelo tranquilo! Le dijo.

La noche en el cementerio - La noche en el cementerio

Daniel se sintió mareado saliendo desde Morrocoy pero estaba tranquilo. “Tranquilo compadre que yo rascado manejo mejor”. Se acordaba de lo que el hijo le dijo sobre la muerte. ¡Zape! Yo mejor me sirvo otro traguito. Dijo.

Ya en la calle estaba pendiente para entrar a la casa; tenía un problema ya que el carro era muy ancho. Noris siempre prefería abrir y que la familia entrara por la puerta del garaje. Pero la muerte estaba presente.

El adiós de un ángel

Pedro Luis no pegó los ojos desde Morrocoy hasta la casa venía jugando con los carritos en el carro del papá. “Papá este carro no me gusta, suena feo como si fuera la muerte”; ¡Vas a seguir con eso vale!; soltó el papá.

Siempre Daniel esperaba que Noris abriera el portón para entrar con el carro; la mujer se había bajado con el niño que estaba contento y brincando. Pero Daniel se sentía mareado se acordaba de la palabra muerte… y sin querer presionó el acelerador.

El estruendo del carro no fue normal de hecho los cauchos sonaron con fuerza; se escucho un grito. Toda la parte frontal del Malibú Classic se estrelló contra la pared causando la muerte del niño…

Años después

Daniel desde aquella trágica tarde se entregó a la bebida luego de causar la muerte a su hijo. Deambula por las calles de Valencia y murió hace unos años. Noris quedó adem´ñas sumergida en un shock y durante años hacía la comida a su hijo muerto; pensando que él estaba presente. Sin embargo del carro poco se supo…

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