Parece que toda la tecnología, belleza, pulcritud y brillo del Metro de Caracas solo quedó en fotos de décadas pasadas. El subterráneo capitalino quedó en fotos como una maravilla pero su realidad es otra.

A diario los caraqueños pasan calamidades y parece que el mismo no tuviera dolientes. El subterráneo capitalino era uno de los primeros del mundo, llegó a estar entre los mejores del planeta. Cuando se inauguró en 1983 era ejemplo y el mismo se mantuvo en los primeros puestos.

Las personas respetaban las instalaciones, las mismas eran de lo mejor, con todo a la modernidad. Todo el mundo quería visitar y conocerlo en los años ochenta de hecho si ibas a Caracas y no te montabas no habías visitado la capital.

Pero todo ahora parece que quedó en el pasado y poco queda de aquel subterráneo capitalino que se había hecho.

El brillo del Metro de Caracas y el impacto de ahora

Es ahora impactante el cambio, en aquel tiempo un grupo de arquitectos e ingenieros; pasaron meses escogiendo el modelo y colores del mismo. Era gris con una pequeña franja de colores por los lados. Las estaciones eran ultra pulcras y no se veía desorden.

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De hecho mucha gente decía que el brillo del Metro de Caracas se mantenía en la gente. Que las personas respetaban las instalaciones. De igual modo todo servía y todo era moderno en su tiempo de Propatria a Palo Verde.

Pero ahora es una batallas de la gente contra el subterráneo y viceversa; escaleras dañadas, bombillos dañados y es peligroso de noche como de día. Vemos los pasillos de los vagones sucios y llenos de grasa.

Las pepas de mamón, como los envoltorios y palitos de chupetas parecen parte de los mismos. Mientras las personas parecen perder el civismo cuando el vagón está por llegar, solo les interesa una cosa, irse.

Un subterráneo en el recuerdo

Poco queda de aquel brillo del Metro de Caracas, de sus escaleras mecánicas las cuales están ahora cerradas. Una que otra reparada pero la mayoría cerrada. Los vendedores abundan y los carteristas con sus manos mágicas reinan en el lugar.