¿Qué es el “seasteading”, las micronaciones marinas de los supermillonarios?

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El “seasteading”parece tomado de un cuento futurista y por ende postapocalíptico. Pero no es ficción, es parte de este extraño presente donde suenan palabras tan raras como posverdad. Su nombre está registrado en inglés, una contracción del inglés de “sea”, mar, y “homesteading”, colonización. Y es tan delirante como lo sugiere el nombre.

Islas artificiales en alta mar, muchas de ellas hiper tecnologizadas y autosuficientes, en las que unos pocos inversores podrían vivir a sus anchas. Desde el punto de vista ideológico del invento, todas las naciones son una lacra para el avance económico, tecnológico y social.

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De ahí que busquen establecerse en aguas internacionales, ahí donde queden territorios fuera de la ley. Esto permitiría la creación de varios “países start-up” políticamente independientes donde experimentarían nuevos sistemas de gobierno. Los detalles los publicó un artículo de Magnet.

El seasteading o la nación flotante

¿Qué tipo de gobierno y bajo qué normas sociales? El Seasteading Institute se mantiene al margen de estas especificaciones, ellos se limitan a proveer las infraestructuras y herramientas para que cada micronación se configure a su gusto. En principio, cualquier propuesta sería válida. Esto crearía una competitividad extrema entre los modelos de islas, con lo que, afirman, ganarían las mejores y se aceleraría enormemente el progreso de toda la sociedad.

Aunque el “seasteading” lleva dando vueltas desde los años 60, la idea se hizo tangible con el Seasteading Institute. El empresario de Silicon Valley, Wayne Gramlich y el ingeniero de software de Google Patri Friedman la fundaron en 2008. Y en 2017 la organización llegó a entablar una relación formal con la Polinesia Francesa con miras a poner en marcha una micronación.

¿Apartheid para millonarios?

Sí, en esencia se trataría de una utopía libertaria, como ellos mismos describen. Pero las voces críticas las tildan de un “apartheid para los ricos”. Una vía de escape para que los multimillonarios evadan aún más impuestos.Otros temen que esta falta de regulación extrema permitiese el retorno de la mano de obra esclava. O que destruyese los ecosistemas marinos en los que se erigirían estos monumentos al poder oligárquico.

Pero el Institute no ha sido el único que ha propuesto el seasteading. Eel Proyecto Jounieh Floating Island pretendió hacer una isla artificial en las aguas próximas al norte de Beirut. Pero su desarrollo se detuvo en 2015 por las dudas de los funcionarios locales sobre su impacto legal y medioambiental.

Evolo Oceanscraper, AT Design Office y sobre todo Blue Frontiers han elaborado numerosos diseños de enclaves oceánicos y modulares de hormigón. El diseño permitiría la incorporación de más módulos a medida que la región fuese haciéndose más próspera.

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Hay quien mira más allá, y ve que estos intentos de soberanía capitalista oceánica no son más que el punto intermedio para el plan final: crear sociedades en el espacio. Lo que es innegable es que hay un buen puñado de millonarios que no sólo están estudiando estas alternativas organizativas, sino que ya están invirtiendo en ellos.

La crisis climática, las desigualdades sociales o los desastre pandémicos son motivos de sobra para que aquellos que pueden inviertir cientos de millones en el “seasteading”. Tal vez ya existe de facto una de esas ciudades flotantes en pleno funcionamiento. Por supuesto, vigiladas por drones de combate con tecnología de reconocimiento facial. Los cara de pobre no entran al paraíso.