El extraño caso del carro gris en Maracay

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El carro gris en Maracay - El carro gris en Maracay
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Juan Carlos veía un carro gris el cual había quedado cuando compró el taller; el mismo tenía el capó color verde y el resto lijado. El italiano al cual le compró el taller le dijo que su sueño no vino a buscarlo nunca.

El nuevo dueño del taller levantó las lonas con las cuales estaba cubierto el vehículo deportivo. Quedó asombrado al ver que el mismo estaba en buen estado, solo necesitaba baterías; bujías; y cambio de aceite y enseguida lo acondicionó.

Le colocó papel ahumado al vehículo lo quería con el fin de pasear en la noche; aunque debía de cuidarse ya que no tenía papeles del mismo. “Solo tengo que salir desapercibido”, dijo. El nuevo dueño del taller; quien ahora quería dedicar su vida a su nueva empresa; estaba recién divorciado.

El carro gris en Maracay

Mantenía el vehículo tapado con lonas y el taller lo había acondicionado con el fin de salir con el carro en horas de la madrugada. Quería jugar bromas con el mismo, ya que la placa terminaba en 666. “Solo con la placa este carro mete miedo”, decía Juan Carlos.

El carro gris en Maracay - El carro gris en Maracay

El taller lo tenía hacia la zona de San Miguel y salía con el carro cerca de las dos de la madrugada. Se iba a hacia las zonas de San José y Piñonal y comenzaba a perseguir a las personas. Los que iban a pie se sorprendían ya que el carro los empezaba a perseguir.

Juan Carlos estaba riendo a carcajadas del susto que le hacía pasar a las personas que salían de las fiestas. En San José aprovechaba las calles 12 o 15 para estacionarse y estar con el carro encendido; cuando veía que alguien iba a cruzar la calle aceleraba y las personas salían corriendo.

Hacía eso al menos dos veces por semana, llegaba al taller y guardaba el carro, ni los vigilantes de las otras empresas veían el vehículo. “Esos tipos son unos flojos y ni ven si el carro entró al taller”.

Poco a poco las personas hablaban del carro que perseguía a la gente, que el mismo era gris con verde; y que la placa terminaba en 66. Comenzó a pararse en las cercanías del Terminal de Pasajeros; aunque allí no le gustaba estar mucho por los policías.

Más miedo, más fama

En su propio taller los mecánicos comentaban de los sustos que un carro hacía pasar a las personas; tenía prohibido que el personal del taller se acercara a la zona donde estaba el carro. El mismo había hecho una parte para dormir y permanecer en el lugar. No quería revelar nada a nadie; luego del divorcio se había vuelto una persona áspera que no confiaba en nadie.

“Marítza se quedó con la casa, producto del divorcio, yo al menos tengo mi taller”, decía. Sentía ansiedad y quería salir con el carro a jugar bromas por algunas partes de Maracay. Incluso escuchó a uno de sus mecánicos decir que las personas habían avisado a la policía, y ya muchos hablaban del vehículo.

Por supuesto mucha gente decía que no veían nadie a bordo; pero es que el papel ahumado que tenía no dejaba nada a la luz. De hecho las personas adornaron la leyenda diciendo que un hombre con el cabello largo manejaba el carro; lo cual era totalmente falso.

Sentía de todo cuando se montaba en el vehículo, como una fuerza extraña que lo llevaba a asustar a las personas. No había atropellado a nadie, solo le gustaba gastar bromas y ver como la gente corría asustada en la madrugada.

“Más miedo, más fama jajajajaja nadie sabe que soy el dueño del carro, pocos saben que saco el carro en la noche; esta noche me voy a dar más vueltas, ahora si daré que hablar por toda Maracay”, decía Juan Carlos.

Unos tiros de gracia

Un sábado, Juan Carlos había salido con el carro y estaba estacionado en la calle Atamaica de La Maracaya; ya tenía cerca de ocho meses haciendo bromas con el vehículo; cuando vio a un hombre de unos treinta años querer cruzar la calle.

En ese momento aceleró el Dodge Challenger a todo lo que daba, el sujeto corrió y al estar en la acera comenzó a disparar al carro. Juan Carlos sintió como la lluvia de balas le perforaron la humanidad; mientras se estrellaba contra una de las viviendas del lugar, perdiendo la vida.

El pistolero huyó del lugar mientras las personas reportaban el violento choque del carro. La policía se sorprendía que el dueño del taller tuviera en su poder el misterioso vehículo; este estaba solicitado en los archivos policiales desde el año 1978.

“El dueño del carro murió hace años, pero el vehículo estaba solicitado desde 1978; los empleados desconocen que Juan Carlos H. sea el verdadero dueño del carro gris en Maracay”; decía uno de los investigadores.

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