¡Triste! La atracción fatal en el Callejón de la Puñalada

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Maribel era una morena hermosa de labios carnosos y cuerpo sensual, unos la consideraban la atracción fatal en su oficina; era secretaria en uno de los bufetes de Sabana Grande, tenía dos hijos y 32 años bien llevados. Quería conocer un nuevo amor, un hombre que la sacara de la rutina y vivir con intensidad esa ilusión.

Saliendo de una de las casetas telefónicas se estaba comunicando con Claudia una de sus mejores amigas; habían quedado en verse en el bulevar y compartir una pizza; saliendo de allí la mirada de un hombre de al menos 33 años le robó la calma en un instante.

Este le sonrió y estrechó su mano, nadie los presentó pero entre ambos bastó esa mirada para quedarse prendados. José Luis estaba casado pero igual quería vivir esa aventura; estaba cansado de tantos reclamos de Lilian su esposa; pero al ver a Maribel se le olvidó el mundo.

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El amor entre ambos nació aquel mediodía de 2005 cuando ambos salieron de sus lugares de trabajo. “Si pudiera dejar de pensar un momento en ella, ni cuando estoy en la casa dejo de pensarla”; decía José Luis acerca de Maribel.

Mientras que Lilian le reclamaba, “mi reino por tu pensamiento, me entero que tienes otra y ya sabes lo que te va a pasar”; decía la mujer. Pero para el Maribel era sagrada y quería protegerla; “es una esperanza y no quiero perderla”.

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La atracción fatal en Sabana Grande

Habían acordado salir y verse en uno de los bares solitarios que había en el reconocido Pasaje Asunción mejor conocido como el Callejón de la Puñalada. Sabía que Lilian jamás pisaría el lugar. “Este lugar es una maravilla hay bares y todo”; decía el hombre.

Maribel y él se encerraban en los bares a tomar y salían de allí caminando hasta donde el hampa lo permitía. “No vale, por aquí hay que saber caminar, es peligroso”; decía el hombre a la hermosa morena.

Estaban viviendo aquel amor apasionado y de la mejor manera. “Bueno y es que en esa oficina te van a tener todos los días hasta tarde; te están explotando mijo póngase las pilas”; decía Lilian al hombre; “bueno hay trabajo que quieres que haga”, decía él.

Maribel había aceptado que fuera casado, eran amantes de la noche, del baile y hasta de los bares que había en el famoso callejón. “Te lo dije José Luis ese es el mejor lugar, uno se encierra en esos bares con la mujer y nadie te descubre; de paso cuando sales por allí no hay nadie es decir no estás en peligro ya que nadie te va a ver”; decía Rubén uno de los amigos de José Luis.

La fatalidad de la noche

La hermosa morena y el contador eran conocidos en los bares por ir al menos una vez a la semana. Pero Lilian aquella tarde de un jueves salió de la casa, los celos la mataban y estaba dispuesta a todo. La idea era ver salir a José Luis y ver las andanzas en las que andaba.

“Si me está montando cachos eso llega a su fin, hoy voy y lo sigo”; decía Lilian. “El es mi hombre, está apartado y es mi papi, nadie me lo va a quitar”; decía la mujer. Maquillándose poco.

En efecto se presentó en Sabana Grande y se colocó a lo lejos para no ser vista; vio a una mujer estar afuera vestida de blazer rojo. “Quién será esa que está parada allí y si espera a mi hombre”; decía Lilian.

Un frío le recorrió la espalda cuando vio a su marido darle un beso a aquella morena; se quedó tranquila. “Aquí esto se termina y estoy dispuesta a todo”. Entre Maribel y José Luis había un secreto de amor que quedaba al descubierto.

Una decisión mal tomada

“Señora que hace aquí sola cuidado con los malandros” le decía un motorizado a Llilian. “A qué hora cierra ese bar que está allí”, le dijo la mujer. “Ese ya a las dos cierra, las parejitas salen mucho antes”; le dijo el motorizado.

Maribel y José Luis salieron del lugar mientras que Lilian buscó la sombra para sorprenderlos. La esposa los hirió a los dos… “esto era lo que tú estabas buscando, una atracción fatal”, le dijo la mujer. Huyendo del lugar de inmediato.

Al otro día las autoridades llegaban al lugar y solo encontró a la pareja de enamorados muertos. No había pistas, tampoco rastros de la persona que hizo eso. Lilian lloraba a su esposo en el entierro diciendo que ojalá encontraran pronto a la persona que había cometido el crimen.

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