La historia de Guardagallo, el brujo que murió entre la candela

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Guardagallo - Guardagallo
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Guardagallo llegó a Valencia procedente de Guanare en 1977 se le veía un poco de collares; además decía que sabía leer el café. Pero pocos sabían por qué había llegado a la ciudad y que era muy buscado. Las viejitas decían que era un hombre que sabía curar enfermedades extrañas.

Era marzo de aquel año de la década de los setenta y el hombre llegó y compró una casa en los lados de La Candelaria; y enseguida comenzó a llegar personas a aquel consultorio esotérico; las personas hablaban que era un iluminado.

Luego de llegar el hombre, llegó Sandro un joven que decía ser extranjero y que venía de la India. De hecho, al consultorio iban mujeres, hombres, políticos, mecánicos, empresarios y pare de contar; pero pocos sabían la procedencia de aquel sujeto.

No le gustaba hablar de Guanare, y solo mantenía conversación con Sandro, el cual conocía todo el historial del hombre. Las personas creían plenamente en el sujeto, sobre todo cuando decía a las mujeres que llevaban a sus hijas adolescentes; que tenían que dejarlo solos con ellas.

“Para yo hacer ese trabajo a su hija me debo quedar solo con ella, tráigale ropa; una toalla y jabón azul para ese remedio”; decía el hombre. Sandro le aseguraba a las personas que ya con ese remedio la muchacha avanzaría en los estudios; dejaría de pensar en noviecitos y mejoraría en ayudar en el hogar.

La historia de Guardagallo, el brujo

Las personas se sorprendían ya que era difícil verle la cara al hombre dentro de consultorio; donde abundaban imágenes de santos, era un lugar oscuro con cortinas rojas; y con muchas velas de colores encendidas.

Guardagallo - Guardagallo

“Este es mi lugar yo aquí me comunico con los espíritus”; el hombre supuestamente era una eminencia con las muchachas que no querían estudiar. “Guardagallo no ve muchachos ve solo muchachas en su consultorio; políticos, señoras y empresarios”; decía Sandro.

“El no ve muchachos por que los espíritus no lo permiten”; repetía Sandro a las mujeres que llevaban a los muchachos al lugar. “No señora no insista el ve muchachas, mujeres, y hombres mayores”, repetía el asistente.

De hecho, sorprendía ver a tantos políticos en el lugar los cuales pagaban altas sumas de dinero para los supuestos despojos. Estos llegaban al consultorio del hombre con lentes y hasta sombreros; las personas en aquellos tiempos conocían al presidente; y muy poco a los políticos.

El consultorio del hombre de martes a viernes se llenaba, las personas llevaban además de dinero; gallinas, prendas de oro, todo para que el hiciera el ansiado milagro que buscaban. “Guardagallo es milagroso” decían las viejitas que iban a verlo.

El dinero y la avaricia

Pocos veían salir al hombre del lugar, de hecho los fines de semana iban mujeres hermosas a buscarlo; las mismas venían de Caracas para los supuestos despojos del sabio esotérico. “Con esto, Sandro si nos vamos a llenar”; decía el hombre a su asistente.

“Yo me asombro patrón es como nos hemos metido a toda Valencia en el bolsillo; yo creo que ya somos ricos. Se tragaron la mentira que soy de la India jajajajajaja”; decía el asistente. “Ya nos podemos perder de aquí para otro lado”; decía el hombre.

“No, lo mejor es quedarnos más tiempo, no irnos, mejor nos quedamos, aquí me quieren hasta las viejitas”; decía el hombre de las ramas. Sandro le daba miedo de ser descubierto; “bueno yo tengo mi plata guardada, cualquier cosa me voy”; decía para sus adentros.

Las velas y la candela

El inspector Escalante estaba desde Guanare siguiendo la pista al brujo “ah caray es que esta joya está en Valencia”. La comisión estaba lista para entrar en la casa en La Candelaria. El hombre al escuchar que era la policía se encerró en el consultorio.

El hombre roció kerosene al lugar y prendió candela, mientras que Sandro huyó por el techo; cayendo a otra casa, tras luchar contra un perro saltó una pared para salir corriendo. El brujo murió calcinado.

“Guardagallo, murió no va a pagar por las violaciones que hizo a varias menores de edad; haciéndose pasar por un brujo”; dijo el comisario. Días después en Valencia se supo que el aplicaba la misma receta de abuso a varias jovencitas.

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