La sensual cantante del karaoke de la avenida Bolívar

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La cantante del karaoke – la cantante del karaoke

Celio es uno de los contadores más laboriosos del estado Carabobo, profesional a carta cabal. Pero la cantante del karaoke de la avenida Bolívar cambió su vida. Vio a una mujer cantando las canciones de Diveana y quedó flechado aquella noche.

Era además el año 2009 en aquella Valencia donde las tascas volvieron a tener movimiento. Celio quería divertirse había terminado marzo y el trajinar de los clientes; y el impuesto. “esta noche quiero ir a una tasca echarme unos tragos y ver que hay”; le dijo a sus amigos.

Prendió su Toyota Corolla y se marchó hasta al apartamento le dijo a su esposa que se iba con unos amigos a una tasca; que no lo esperara. Rosangel ni le prestó atención a lo que le dijo. Unas horas después se fue a escuchar a la cantante del karaoke de la avenida Bolívar.

Se quedó impactado con las curvas de aquella mujer, quien llevaba un vestido corto color Vinotinto; el cual se adaptaba además a su llamativa anatomía. “Y ella quien es…” le dijo Celio a Paco el barman español de la tasca; “no se chaval apenas está cantando hoy y mira como está esto de lleno”.

Desde la improvisada tarima dijo… “me llamo Fernanda” y esta noche quiero cantarle a todos ustedes. El lugar estaba lleno, la gente bailaba mientras Celio estaba embobado con las curvas de la muchacha. La tasca estaba a reventar.

La cantante del karaoke – la cantante del karaoke

La cantante del karaoke

Celio le insistió a los mesoneros pero estos decían que la muchacha se había adueñado del micrófono de la tasca. “Guitarra Española hoy canto por ti” y señaló a Celio; eso bastó y sobró para invitarla a un trago. La muchacha vino hasta la barra y le aceptó la bebida.

Estaba fascinado en la barra de la tasca y la muchacha se presentó ante Paco, los mesoneros y Celio. Enseguida llegó la conversación, la chica se bebió dos tragos seguidos de whisky seco. Mientras todos estaban embobados con su hechizante figura.

Montada en tacones de aguja siguió animando la velada en la tasca y conversando con Celio. “Voy a Naguanagua”… dijo la cantante del karaoke y enseguida Celio se ofreció a llevarla. Por supuesto ya el contador le dijo de su vida; y Paco le dijo a la chica que era un gran profesional.

Salieron de la tasca y la muchacha se sorprendió de aquel carro, las atenciones y hasta de la propina al portero. Celio le compró unas rosas a la muchacha, como era las dos de la mañana le propuso irse a otro lado.

La cantante del karaoke – la cantante del karaoke

Un carro que lo seguía

Al salir de la tasca, Celio vio un Malibú Classic año 77 que prendió las luces cuando salió; mientras la chica acomodaba el espejo retrovisor. No prestó mucha atención a si lo seguían o no. La chica hablaba de manera sensual, dominando su mirada por completo.

“Por que no nos vamos a otra parte… ahora es que la noche es joven”, le dijo la vocalista de la tasca a Celio. Estaba embobado entre el perfume de ella, el olor a whisky y su figura. Pensó que nada podía pasarle y que la vida era para disfrutarla…

“Nos vamos a un motel”… dijo Celio a la muchacha de la tasca… ella respondió con un sí… lleno de picardía. Apenas pagó vio que atrás estaba el mismo Malibú Classic año 77. Fernanda simulaba estar alegre y veía por el espejo retrovisor.

La sorpresa en la habitación

“Esto es un regalo de la vida” pensaba Celio cuando veía aquel cuerpo mientras subían a la habitación. Pagó por otra botella, “quiero beber lo que estaba tomando en la tasca”, dijo la muchacha. Sorpresivamente tocaron a la puerta y Celio se sorprendió.

Le dijeron a Celio desde la puerta que era otro servicio del motel. Pero cuando abrió la puerta entraron tres tipos. “Fernandita y nos trajiste a otro más que lo vamos a despescuezar; otro bebedor de la tasca”, dijo uno de los hombres. Los tipos estaban armados hasta los dientes.

La sonrisa picara se marcó en el rostro de la muchacha… “él pensó que iba a comer lomito; y mira lo que le vamos a hacer a él y a su carrito”. Montaron a Celio desnudo en la maleta del Malibú Classic. Iba amordazado y rezando todo lo que sabía; su noche en la tasca tomó otro rumbo.

Salieron del motel y sintió que rodaron casi dos horas, no sabía ni donde estaba. Pensaba en su esposa, sus dos hijos y estaba en manos de los delincuentes. Su salida a la tasca iba rumbo a convertirse en pesadilla.

El miedo y el disparo

Llegaron a un lugar donde la joven abrazó a un hombre alto. A Celio lo bajaron a empujones. “Agua Sucia, mira lo que consiguió tu mujer en la tasca de la Bolívar”; mientras el hombre bromeaba además con la cartera de Celio.

“Buen trabajo Fernandita, mira este es contador y tal, mira como está de chorreao; provoca déjalo pegao aquí mismo”. De la tasca bulliciosa estaba en una especie de chivera improvisada; había tipos picando carros y separando los repuestos.

“Mi Agua Sucia vieras lo fastidioso que estaba en la tasca el hombrecito este”, dijo la muchacha. “Y quien lo ve ahora allí desnudo y nervioso; jajajajaja mira las fotos con la mujer y los chamos”; mientras soltaban la carcajada. “Cualquiera cae padre ejemplar y ven a una mujer y se vuelven locos”; decía el hombre que llamaban Agua Sucia.

Celio estaba nervioso, sentía frío además vio cuando el hombre cargó la pistola e hizo el intento de disparar. La muchacha de la tasca se reía con los demás maleantes… “ese está chorreao mira como está”; mientras se reían.

Vio el Toyota Corolla como enseguida los hombres lo tomaban y lo iban despedazando poco a poco. El mismo carro que esa noche lo llevó a la tasca y como sus documentos y fotos pasaban de mano en mano. Se burlaban de su esposa y de sus hijos; como de su carnet de contador. «Fuiste a ver a la cantante del karaoke y mira como terminaste».

Una llamada

Fernanda, la misma cantante de la tasca llamó a Rosangel, la esposa de Celio; y le dijo que su marido era un maniático sexual. Celio estaba arrepentido de todo aquello. “Es un loco, lo vamos a llevar preso, me pegó y me amarró a la cama”; mientras los maleantes soltaban la carcajada.

Celio escuchaba como Rosangel estaba llorando y se sentía además arrepentido. Los maleantes lo dejaron desnudo en la Variante Bárbula ya cuando el sol estaba saliendo. Sintió golpes y lo dejaron en el lugar.

Su noche en la tasca terminó en pesadilla y en susto, hoy nada quiere saber de karaoke; como tampoco de tascas y prefiere además no hablar del tema. Su esposa lo dejó, le pidió el divorcio. Los maleantes dejaron sus documentos en un carro quemado para simular que estaba muerto.

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