José Alberto tenía 12 años, no tenía clases ese día en uno de los liceos de Valencia. La extraña figura en el cuarto aparecía de la nada, eran las nueve de la mañana de aquel martes de marzo de 1987 cuando se sorprendió que estaba solo en casa.
Sus padres habían marchado al trabajo, encontrando solo el desayuno en la cocina con unas recomendaciones de su mamá. Sentía como si había algo más en aquella casa de dos plantas en una urbanización de Valencia.
Quiso encender la radio, pero prefirió dejar todo en silencio mientras mordía la arepa. Con las puertas cerradas escuchaba como si alguien estuviera en la planta de arriba. Ya anteriormente había escuchado pasos que bajaban rápidamente la escalera y cuando se asomaba no había nadie.
La extraña figura en el cuarto de la segunda planta
Desde abajo prefirió asomarse y ver al final de la escalera, arriba habían dejado algunas cortinas recogidas. Fue cuando José Alberto vio una figura y se quedó helado, pero no sintió miedo.
La misma era con un borde claro, de hecho lo sorprendió como si lo estuviese viendo, era solo un borde claro que veía en el antepecho de la escalera. Se quedó sorprendido, cuando lentamente la figura se echó hacia atrás para que no la viera.
Aquello lo había dejado helado, quiso subir pero tuvo miedo de hacerlo. Lo había sorprendido dicha figura fantasmal que solo veía como un borde claro, como un rostro de mujer donde solo veía las líneas de la cara.
La calma del perro
Nunca quiso contar nada, guardó aquella experiencia como algo muy personal. De hecho, el perro que había en casa subía al cuarto de la segunda planta y ladraba y luego se quedaba calmado. Pero siempre daba la impresión de ver algo.
Se dio cuenta con los años que los pasos huían de ver algo en aquel cuarto de arriba. Era como si algo estaba subiendo y lo asustaban para que se alejara del lugar. La casa fue vendida hace unos años, y aun los nuevos dueños escuchan los mismos pasos en la escalera.
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