José Gregorio tenía que salir temprano, en la madrugada a Barquisimeto, las extrañas sombras al final de la vereda estaban en el lugar. Eran las cuatro de la madrugada, cuando su padre decidió acompañarlo.
Era un sábado de julio de 1999 en una de las veredas de un urbanismo popular en Valencia, cuando vio aquellas sombras. Nunca habían estado en aquel lugar, pensó que eran personas que se habían quedado compartiendo.
Siempre había considerado a su papá un hombre misterioso, este le dijo en tono de regaño… ¡para allá no voltees!. Pensó que podría desatarse un problema por las personas que allí estaban, pero no, aquello fue más escalofriante.
Iba caminando rumbo a la avenida principal, cuando su papá le insistía otra vez en voz baja que no volteara. Pero volteó y las personas se habían ido… el papá lo encaró… ¡te dije que no voltearas!.
Las extrañas sombras al final de la vereda
Sacaron el carro del garaje de la casa de un vecino mientras seguía asombrado de aquellas sombras que de la nada habían desaparecido. Vio cuando su papá entró de nuevo a la casa y siguió el camino.
Siempre le llama la atención la esquina, en el día, era una parte solitaria de aquel urbanismo, pero no se atrevíó a preguntar ni a su padre ni a los vecinos. Era como un secreto que algunos sabían y no querían contarlo…
Con el pasar de los años, ya en 2017… una vecina le volvió a repetir lo de las sombras. Las cuales le contaron que se veían personas compartiendo las cuales se perdían de la nada en aquella fría esquina en una de las trasversales.
La vecina le dijo que no era leyenda… «esas personas se ven allí, no sabemos ni quienes eran, o si vivieron por aquí», dijo la mujer. «Pero algunas madrugadas se ven allí como hablando o compartiendo, pero desaparecen luego», dijo.
«Muchos incluso las han visto y se han alejado para no molestarlos»…
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