El monte Etna, el gigante de fuego que domina el paisaje de la isla de Sicilia, ha desconcertado a la comunidad científica durante décadas.
A pesar de ser el volcán más activo de Europa, sus características no terminan de encajar en los modelos geológicos tradicionales. Sin embargo, una reciente investigación publicada en la revista JGR Solid Earth parece haber encontrado la pieza faltante del rompecabezas: el Etna está alimentado por un mecanismo magmático inusual, propio de pequeños volcanes submarinos.
El estudio, liderado por Sébastien Pilet, sugiere que este coloso de 3.400 metros de altura podría haberse formado mediante un proceso similar al de los volcanes conocidos como «petit-spot». Esta categoría, identificada por primera vez en 2006, se refiere a estructuras volcánicas de escala reducida que aparecen en el borde exterior de las placas oceánicas. «Esto es inesperado, ya que estos procesos solo se habían observado en estructuras volcánicas muy pequeñas», señaló Pilet.
Magma ancestral bajo la corteza
Ubicado en una zona de subducción donde la placa tectónica africana se hunde bajo la euroasiática, el Etna debería presentar una química de lava específica. No obstante, sus emisiones son ricas en elementos alcalinos, una firma química que suele asociarse a los «puntos calientes» (hotspots), aunque no exista evidencia de uno bajo Sicilia.
Tras analizar medio millón de años de actividad, los investigadores descubrieron que la composición de la lava se ha mantenido constante. Esto indica que el volcán no genera magma nuevo de forma constante, sino que recibe un suministro lento de magma ya existente. Este reservorio se encontraría almacenado a unos 80 kilómetros de profundidad, justo entre el manto superior y la base de las placas tectónicas.
Implicaciones para la seguridad ciudadana
El proceso de ascenso ocurre cuando la placa africana se flexiona al subducirse, creando fracturas que permiten que este magma antiguo y alcalino suba a la superficie. Este mecanismo a gran escala explicaría el comportamiento atípico y los grandes volúmenes de lava del Etna.
Más allá del interés académico, este hallazgo es crucial para la gestión de riesgos. Al comprender mejor cómo se alimenta el sistema volcánico, los expertos pueden evaluar con mayor precisión la amenaza que representa para ciudades densamente pobladas como Catania y Mesina. En un volcán que registra varias erupciones al año, descifrar su «sistema de tuberías» interno es el primer paso para proteger a las miles de personas que viven bajo su sombra.
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